viernes, 23 de octubre de 2020

“NUEVAS MIRADAS” SOBRE LA HISTORIOGRAFÍA DE LAS REFORMAS BORBÓNICAS.


Es difícil desprenderse de lo que siempre hemos creído y dado por certero, la historia de los siglos XVII y XVIII son ejemplos de lo que estamos planteando, pues la historiografía tradicional colombiana y en general latinoamericana nos mostró un periodo colonial caracterizado por el autoritarismo, la corrupción, el oscurantismo, la opresión etc. Pero nuevas investigaciones están mostrando en Colombia y otros países de la región una mirada distinta del periodo monárquico en la antigua América hispánica.

Este trabajo tiene como propósito hacer una comparación de las anteriores certezas con las nuevas evidencias presentadas por autores recientes y que dan a la historiografía del periodo monárquico una mirada distinta.

Es importante que empecemos por señalar la importancia que existe por revisar la historiografía que da cuenta sobre la posesión de tierras en América por parte de la monarquía hispánica, pues estos nuevos autores han ido modificando posturas heredadas de la historiografía del siglo que presentaron por -ejemplo- la tierra concentrada en pocas manos como “una herencia colonial”, Hugues Sánchez en su trabajo “De esclavos a Campesinos…” nos hace algunas advertencias tales como: las economías campesinas empiezan en el periodo colonial, las poblaciones libres descendientes de esclavos presentan gran capacidad para la producción de alimento, estas comunidades accedieron a la tierra luego de creación del virreinato de la Nueva Granada.

Algunos ejemplos se pueden observar en este mismo trabajo, el surgimiento de San Antonio del dividivi a partir de un hato ganadero, es muestra -según el- de la posibilidad existente en la época de acceso a la tierra por parte de familias de pardos, sin influencias, solo exigiéndole al Estado su participación en el conjunto de privilegios destinados al grupo social al que pertenecían.

Una vez ubicados en el sitio ocupaban tierras realengas de forma comunal, aduciendo haberse enfrentado a los indios chimilas y como campesinos exigían el derecho de utilización de los playones para que el ganado pastara en épocas de verano. Pero las pretensiones de los pardos de todo el Nuevo Reino iban más allá, en algunos casos llegaron a exigir convertirse en villa, debido a que contaban con iglesia, pagaban diezmos, obedecían órdenes, etc.

 Es necesario aclarar que, aunque utilizaban la tierra para la cría de ganado y para la agricultura, su ganado era seminómada, entonces, aunque se trabajaba sobre la tierra no se ejercía propiedad sobre ella. Pueblos como Santa Cruz de Pizarro a diez años de su fundación ya se había convertido en importante productor de maíz yuca caña y ganado vacuno y porcino, esto también se logró a través de la entrega de tierras a sus habitantes, pero estas eran comunales, es decir, no poseían propiedad sobre ellas ni derechos de enajenación.

Otro elemento de los que nos piden distanciarnos, es de la idea de que los conflictos entre grandes propietarios y pequeños se dirimían en favor de los grandes siempre, evidencias que recientemente se han publicado muestran como muchos de estos conflictos se dirimían en favor de los pequeños propietarios o las comunidades que exigían privilegios sobre tierras que eran explotadas de manera comunal, estas eran las formas como campesinos pobres durante el periodo de gobierno de la monarquía hispánica tenían acceso a la tierra de forma legal, en estos trabajos observamos que los campesinos pardos distinto a lo que se ha plateado, estos no eran productores para el autoconsumo sino que también de manera insipiente estuvieron algunos de ellos vinculados a los mercados próximos a los sitios donde residían.

Aunque tradicionalmente las reformas borbónicas han sido mostradas como una ruptura del pacto colonial existente, trabajos recientes muestran la implantación de las reformas más como la puesta en marcha de un Estado moderno, los cambios se empiezan a percibir a partir de mediados del siglo XVIII cuando el poder deja de concentrarse en el cabildo, descentralizándose y acercándose a “sectores emergentes”, esto implica que la vecindad se amplíe la sectores y personas consideradas de linaje impuro. Otros hechos de desarrollo de las reformas fueron la liberación de los mercados, la ampliación del derecho de propiedad de igual manera se amplió la tasa de fiscalidad a la vez que se secularizó la religión. Esta modernización tenía un trasfondo fiscal, proceder propio de los déspotas ilustrados de la época.

Un elemento que -según ellos- no tuvo en cuenta la historiografía del siglo XX es el hecho de que estos factores arriba mencionados dieron una redefinición del lenguaje político, se engendra en la época una concepción del Estado que permitía al vasallo una mejor interacción con el Estado a través de la participación del público, enseñándoles sus deberes y educándolos para la ciudadanía del reino, por esa razón podemos ver en este periodo de reformas a los vasallos solicitando privilegios y derechos.

Esta nueva historiografía muestra al reformismo borbónico no como una etapa de reconquista del territorio como lo mostró la historiografía tradicional, sino más bien como una nueva forma de gobierno que estructuró de forma distinta la relación entre vasallos y el reino y denota en muchos elementos la aparición del Estado moderno. Consecuencia de todo lo anterior fue la aparición de una clase política que conocía y opinaba sobre los temas de gobierno, a mediados del siglo XVIII en el Nuevo Reino de Granada se encontraban textos impresos que buscaban participar en los asuntos estatales, a esto es lo que el profesor Francisco Ortega llama Opinión Publica, eran todos hombres de saber, curas, militares, abogados, letrados pertenecientes a los sectores privilegiados de la sociedad monárquica pero también provenientes  de sectores medios en ascenso.

Según la profesora Concepción de Castro la llegada de los Borbones significó una modernización en las instituciones españolas pero a la francesa, dado que Felipe V antes que concejos lo recibía desde Versalles eran ordenes, y Luis XIV veía a España como una de sus dependencias, la creación de impuestos aunque medidas antipáticas en América resultaban necesarias para enfrentar las empresas bélicas en las que España y Francia se habían embarcado, pero los elementos modernizadores  se notaban sobre todo en el nombramiento de los nuevos funcionarios, aunque  muchos de ellos franceses eran expertos en finanzas y temas militares.

Otro de los temas que modernizarían el imperio seria la creación de un ejército permanente con un control central, como podemos apreciar en el trabajo de la autora antes citada el joven Felipe V estuvo rodeado de expertos, que aunque no tenían el cargo de ministros, sus funciones y las decisiones que tomaban el grado de autonomía con el que obraban estos funcionarios, se puede observar también en este trabajo que el gobierno de Felipe V administraba las provincias al interior de la península ibérica de una forma similar como con los dominios en América.

Otro aspecto que no se tuvo en cuenta por la historiografía tradicional, fue la entrega de privilegios como elemento de integración de la corona, cada parte de esta sociedad estamental tenía funciones establecidas por Dios y sus cuerpos eran desiguales, por tanto sus privilegios dependían del lugar o estamento al que pertenecían, los “libres de todos los colores” no pagaban tributo por eso fue usual que estos sectores buscaran ser incorporados y convertirse en tributarias del Rey y de esa manera accediera privilegios.

 Por ejemplo, fue usual que los sitios de libres solicitaran al Rey ser ascendidos a la calidad de villa, con el propósito d gozar de otro tipo de privilegios, esto demuestra que el ascenso social era una posibilidad durante el periodo de la monarquía hispánica, otro factor de ruptura con la historiografía tradicional que definió el “periodo colonial” como una “sociedad de catas”. No vamos a detenernos en este tema, pero sabemos que la típica sociedad de castas es la India, donde el ascenso social era totalmente imposible. En cambio, la monarquía hispánica promovió durante el siglo XVIII la adjudicación de privilegios a sectores más populares y de linaje impuro, aunque también hay que aclarar que los casos en los que se logró en la época ascender socialmente fueron rarísimas excepciones. 

Un sitio no era una villa, tampoco una ciudad, ni pueblo de indios en otros lugares del virreinato eran llamados “asientos” y por no encontrarse en ninguna de las repúblicas aceptadas por el estado estos no gozaban de privilegios, esto explica que emprendieran empresas por el reconocimiento o asenso en villa. A mediados del siglo XVIII estos sitios o asientos eran mayoría a lo largo y ancho del Nuevo Reino de Granada por esa razón se entiende que exigieran ampliar su base de derechos. Estos sitios fueron definidos por Jorge Conde como: “un espacio político…integrado…en estructuras de poder más amplias”

Entre las solicitudes que habían de presentarse estaban las de autogobierno, jurisdicción y otras cuestiones inherentes a la calidad de villa como tierras comunales, incluso sabían que como vecinos podrían exigir justicia cuando consideraban estar siendo mal administrados. Para reclamar sus privilegios como resaltaban su papel como proveedores de comida a importantes ciudades, milicianos, su disposición hacia el catolicismo, su obediencia al Estado, etc. El ideal español ilustrado los beneficiaba porque consideraba que los productores no debían pagar arriendo sobre la tierra con el propósito de estimular la producción.

En todos estos hechos se puede encontrar observar una intención del estado por dotar de privilegios los habitantes de algunos de los sitios y asientos que reclamaban privilegios, quienes aparte de tierras comunales solicitaban en algunos casos iglesias para la administración de sacramentos con la categoría de iglesia principal, estos eran privilegios propios de las villas.

Llama poderosamente la atención la utilización de un lenguaje moderno, por parte de los apoderados de los habitantes de los asientos y sitios que reclamaban privilegios, la utilización de conceptos como “causa pública”, “derechos”, etc. También llama la atención el protagonismo que ejercen algunos habitantes de los sitios y asientos que reclaman privilegios el proceso de su propia organización política aceptando en la mayoría de los casos los principios de la ilustración.

Otro elemento que queremos destacar en este trabajo es el trato que le dan a la figura del virrey, pues este fue objeto de fuertes críticas por parte de la historiografía del siglo XX, al punto de ser relacionado hoy día con ejemplo de gobierno corrupto y autoritario, esto se debe según el profesor Alejandro Cañeque a que la mayoría de los historiadores del periodo colonial abandonaron el análisis de las instituciones en ese periodo, sin embargo se pueden ver resultados distintos a lo que la historiografía tradicional nos dejó ver, para ello será necesario “entender el sistema político colonial…desde sus propios principios y no los nuestros”  para ello será necesario partir de entender el estado tal y como lo hacen los hombres de la época y no como lo entendemos hoy.

De igual manera tendremos que apartarnos de la idea de unos monarcas españoles intentando consolidar el poder   en sus manos ni interpretarse como estructuras centralizadas y autosuficientes, estas son según el autor categorías de análisis que no deben ser utilizadas, pues el poder centralizado corresponde a un concepto más moderno de estado. Para la época de la monarquía en los siglos XVII y XVIII –según Cañeque- “el poder se halla disperso en una constelación de polos” relativamente autónomos, dado que cada estructura de poder contaba con unas atribuciones y unas jurisdicciones propias, cada corporación servía de freno a las posibles intenciones absolutistas del virrey, sin embargo, el rey se entiende ligado al estado y el virrey era el “alter ego” del monarca.

El profesor Cañeque nos señala otro elemento importante a tener en cuenta al momento de releer este periodo de nuestra historia, pues tradicionalmente se entendió a la monarquía ligada con la iglesia, se vio a la iglesia como un brazo del Estado; el autor plantea la necesidad de empezar a desligar el poder eclesial de la autoridad monárquica, por lo menos para el caso concreto de Nueva España las relaciones entre estos dos poderes son catalogadas por Cañeque como “tormentosas”. No se puede ni se debe pensar en un virrey jefe de la iglesia por lo tanto debe hablarse de un poder virreinal de potestad civil y otro de potestad espiritual, representado uno en el rey otro en el papa. Aunque también se presentó el caso de un arzobispo y virrey en la Nueva: Granada Antonio Caballero y Góngora

Estas posturas revisionistas de nuestra historiografía son reforzadas por otro grupo de historiadores por ejemplo Jorge Conde muestra como “los vecinos mostraron apropiación de formas de cultura proyectadas hacia lo público”  dado que la condición de vecinos los hacia pertenecientes a una corporación urbana con la cual se identificaban y les permitía acceder a derechos y privilegios, en una sociedad corporativa ellos no significaba necesariamente una garantía de desigualdad, tal y como esa se entiende hoy, más bien significaba la certeza de merecer un trato diferencial, en el que se le atribuye a cada quien según el grupo o corporación al que pertenece.

Pero la historiografía que ellos llaman tradicional no solo nos ha dejado algunos vacíos en relación a la situación socio-política del periodo monárquico, sino que también al final de este periodo se aceptaron como ciertas un grupo de aseveraciones que hoy la nueva historiografía dedicada al estudio pretende desmontar. Algunas de ellas mostraban a los movimientos de protesta de finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX como antecedentes de la búsqueda de una independencia o la creación de un estado republicano, estudios recientes han demostrado que las revoluciones eran de naturaleza imperial es decir que esos movimientos se estaban dando en todos los lugares del imperio. Es más Jorge Conde afirma que “las revoluciones no empezaron como episodios secesionistas” de tal manera que lo que aquí se está planteando es una transición más o menos violenta de un gobierno monárquico de corte imperial a la conformación de los modernos estados nación. Reflexiones que aunque muy ciertas no son nada nuevas.

El profesor Adelman nos invita a observar las historias de los imperios sin estar sujetos a “lógicas internas básicas” y explica el fin de estos imperios dado que “eran monarquías aristocráticas cuyas legitimidades habían disminuido porque sus fundamentos morales cedieron terreno a los cambios intelectuales y sociales” de igual manera nos invita a observar los conflictos de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX como un enfrentamiento global entre liberales y aristócratas.  Nos invita igualmente a dejar de ver a los colonos en América como constructores de naciones y a separarnos de lo que él considera un análisis anacrónico del periodo monárquico al pensar en la autodeterminación nacional como origen de la moderna soberanía.

Los esfuerzos por restablecer la soberanía de los imperios son según Adelman una muestra de esta nueva lectura, estos esfuerzos no eran únicamente por parte del gobernante sino también por parte de los vasallos quienes buscaban otras formas distintas de administración imperial que los insertara en el poder, en resumidas cuentas los dominios hispánicos en América eran tratados por el gobierno imperial más que como colonias, como partes esenciales del imperio, muestra de ello es lo expresado por George Lomné cuando afirma que en 1809 la junta suprema central que gobernaba el imperio en nombre del rey cautivo le solicita a los españoles americanos enviar diputados elegidos por ellos, “ya estas no son colonias sino parte del reino”. Sin embargo, ni antes ni después de la liberación del rey de su cautiverio fueron aceptadas autoridades en América nacidas en el mismo continente, recuérdese que los altos cargos del gobierno, la iglesia y el ejercito estaban reservados a los españoles nacidos en la península ibérica.

Ahora bien, en cuanto a la relación que el gobierno imperial mantenía con sus dominios en América la historiografía del siglo XX también mostró como la administración de las indias se hacía de forma impositiva, coercitiva y corrupta.  La profesora Celaya nos demuestra como en América hispánica se podía notar cierto grado de autonomía fiscal en las municipalidades del siglo XVIII, en el caso de Nueva España evidencia la fortaleza de los grupos locales en el manejo de las rentas, esto les permitía invertir en obras públicas, pago de milicias, etc. Esto evidencia -según ella- una vez más que no hay ninguna tendencia totalmente dominante por parte de la monarquía al menos en cuanto al control fiscal se refiere, al contrario esto debela como las autoridades locales se pudieron ver beneficiadas de las reformas impulsadas por los borbones.

El artículo del profesor George Lomné intenta demostrar la manera como se disolvió los que en su trabajo de denominó “las cuerdas de imaginación” que ataban a los habitantes de la Nueva Granada con su rey y entre ellos. Nos muestra como la corona llegó a concederle a los españoles-americanos el reconocimiento de nuevos reinos, de igual manera muestra como antes de él otros autores han debelado más elementos que evidencian como los poderes locales en manos de las elites patricias ejercían control total sobre los territorios donde ostentaban influencia, en muchos casos con el apoyo de sectores del pueblo. Sin embargo, ese sentido de pertenencia que la historiografía tradicional adjudicó a toda la población americana, el profesor Lomné solo la encuentra en un sector de la elite ilustrada, pues para la mayoría de las personas su objeto de identificación o pertenencia se circunscribía a la ciudad o a la villa. Otro elemento que no es nada nuevo.

Somos del criterio de que la historia se construye día a día, por tanto, los historiadores debemos estar en constante discusión con las fuentes y permitirnos una y otra reinterpretación, sin embargo, no nos alinearemos con los subterfugios del actual revisionismo historiográfico que con aparentes reinterpretaciones de las fuentes pretenden regresarnos al discurso histórico del siglo XIX.

Mucho de lo expresado en estos trabajos no son nuevas afirmaciones, no creo que estos autores desconozcan la historiografía relacionada con estos temas, por lo que este aparente desconocimiento puede ser mas bien intencional.

Pero no todo es malo, una nueva interpretación sobre la sociedad en el periodo monárquico de América nos puede ayudar a entender mejor este periodo alejándonos del discurso heroico y de culto a los “héroes” que en ultima instancia no es mas que el culto a la clase dominante actual a través de sus antepasados.

martes, 7 de julio de 2020

CINCO ESTUDIOS HISTÓRICOS SOBRE EL PAPEL DE LA EDUCACIÓN COMO ELEMENTO DE INSERCIÓN AL ESTADO SOCIAL LIBERAL EN EL SIGLO XIX




Escuela de niñas en Mallorca mediados del siglo XVIII | Niños ...

Este trabajo tiene como propósito realizar una síntesis de las perspectivas de análisis de cinco historiadoras suramericanas que presentan una propuesta novedosa y muy interesante acerca del papel que jugó la educación pública en la inserción de amplias comunidades en los proyectos de estados nacionales de corte liberal.  
La segunda mitad del siglo XIX significó para la mayoría de los países de América latina una época de reformas políticas sociales y económicas, que han permitido la aparición de distintos puntos de vista al momento de presentar análisis sobre este periodo.
La historiografía colombiana y latinoamericana en general al parecer a privilegiado al momento de su análisis y estudio los escenarios caracterizados por el conflicto y la confrontación y han mostrado en la mayoría de los casos la violencia o la guerra como la única forma de resolución de estas situaciones, dejando de la lado -parcial o totalmente- en la mayoría de los casos escenarios alternativos que como se ha podido demostrar recientemente permitieron en algunos casos las conciliaciones, los acuerdos, las asociaciones, los consensos entre grupos o sectores aparentemente contrarios, pero interesados en estabilizar el orden social moderno en el marco de la construcción estatal y el establecimiento de un orden social liberal.
En este artículo se resaltaran algunos de los esfuerzos realizados por cinco historiadoras que buscan mostrar como si bien es cierto se presentaron conflictos que pudieron desembocar en momentos de máxima tensión hasta llegar a la confrontación, también hubo largos períodos en los que primó el consenso y la negociación dejando como consecuencias acuerdos sobre situaciones en las que se debía trabajar en común.
La profesora María Egaña representa en parte el primer escenario aquí planteado, pues para ella los conflictos que presentaba la escuela chilena del siglo XIX “no se resolvió”[1] debido a que según la autora aún en el presente se hallan “problemas no resueltos”; sin embargo muestra también como importantes sectores de la élite de su país manifestaron gran interés en la educación del pueblo, pues para ellos la educación era una forma de modernizar el estado, debido a que la naciente industria chilena requería obreros con “ cierto nivel de instrucción”, pero también personas disciplinadas y esta tarea solo podía cumplirla la escuela. Al respecto no se muestra ningún tipo de oposición.
La autora presenta a mi modo de ver elementos propios de los dos aspectos que aquí se han señalado, por un lado es partidaria de la existencia de un estado fuerte y coercitivo[2], pero al mismo tiempo muestra al estado como el principal interesado en la búsqueda de consensos [3] e integración[4].
La prensa fue el escenario de debate en Chile al igual que en el resto de América Latina, pues desde ahí se emitían posiciones en favor y en contra de la educación impartida por el estado, por un lado los periódicos católicos y conservadores eran partidarios de una educación en valores y moralizante[5], y por otro lado los periódicos liberales se mostraban partidarios de una educación donde se priorizara por cívico y lo ciudadano.
Nótese que la discusión no gira en torno de la necesidad o no de una educación para el pueblo, todo están de acuerdo con llevar escuelas a los pobres, la discusión está en que tipo de educación los pobres necesitan. Incluso los sectores más distantes estuvieron de acuerdo con hacer de la educación una práctica obligatoria, socializando entre padres de familia las ventajas de un niño con educación elemental.
La profesora Lucía Lionetti muestra para el caso argentino cómo la educación pública se convirtió en escenarios de conflictos pero también de acuerdos, entre miembros de la iglesia y liberales, quienes al igual que en Chile proponían distintas formas de llevar educación al pueblo.
La política se caracterizó para la época por la unión entre sectores liberales y conservadores en una especie de partido único que emprendió la tarea de modernizar el país[6]. Entre otras cosas se sancionaron leyes que hacían que la educación fuera “común, gratuita y obligatoria”, pero esa misma educación debía para alcanzar la civilización imponer la “moralidad”[7] nótese un desacuerdo en sectores aparentemente antagónicos, los diputados liberales llegaron a señalar que no se podía financiar la enseñanza de una religión con los impuestos de hombres de varias religiones, lo que desencadenó el punto más alto de quiebre entre estos dos sectores[8] y por su parte la iglesia y los conservadores consideraban que la única forma de moralizar al pueblo era a través de la enseñanza de la religión[9].
Para ellos la enseñanza de la religión no iba en contravía de la democracia ni de la modernidad y colocaban como ejemplo lo sucedido en los Estados Unidos, donde la confluencia de varias denominaciones protestantes no había impedido la enseñanza de la religión en las escuelas y aun así eran considerados ya para el siglo XIX una sociedad moderna.
En este caso los diputados católicos no se manifestaban en desacuerdo al proyecto liberal, solo plateaban la necesidad de la enseñanza religiosa para no “anteponer la formación del hombre a la del ciudadano”[10], por su parte los diputados liberales tampoco cuestionaban la enseñanza religiosa sino que eran partidarios que estas se impartieran de forma diferencial y fuera de los horarios de clases[11] a quienes los padres así lo autorizaran.
En el sur de nuestro país se presentan tensiones similares a las estudiadas en Chile y Argentina, el trabajo de Fernanda Muñoz describe las reacciones por parte de un grupo de padres de familia a la aplicación de la reforma educativa llevada a cabo en 1870 por parte de gobierno liberal radical, estos salieron en defensa de sus creencias las cuales consideraban en primera instancia como amenazadas, debido a que el gobierno buscaba darle a la enseñanza un carácter laico[12], luego de muchas discusiones los padres de familia de Pasto terminaron por escoger ellos mismos al preceptor de sus hijos[13] y la enseñanza de la religión se permitió pero impartida por parte de propio párroco.
De igual manera al norte del país en el estado soberano del magdalena se presentaron durante el siglo XIX consensos entre el gobierno liberal radical y la iglesia católica tendientes a “civilizar y educar” a indígenas de tres regiones del estado, La Sierra Nevada de Santa Marta, La Península de la Guajira y La Serranía del Perijá.
Tanto católicos como liberales mostraban un mismo interés y era incorporar a la nación a lo que ellos denominaban “colombianos no civilizados”[14]. Para ello se llevaron a cabo algunas alianzas necesarias para alcanzar el objetivo que se habían trazado dado que los recursos del estado o la iglesia no hubieran sido suficientes para realizarlo por separado[15]. Fueron importante las figuras del obispo José Romero y Rafael Celedón[16] . Tanto la iglesia la iglesia como el gobierno radical entendieron a la educación primaria como “el medio más efectivo para alcanzar la reducción de los indígenas a la vida civilizada”[17].
 En este caso la profesora Adriana Santos muestra el escenario de consenso como el único existente dado el acuerdo realizado entre estos dos sectores en apariencia antagónicos.
El trabajo de las profesoras Mirta Teobaldo y María Nocoletti no se circunscribe en el ámbito de los trabajos que antes hemos analizado,  sin embargo llama la atención el lugar que ocupan los indígenas en la construcción del estado argentino, para las autoras el indígena es sólo tenido en cuenta como un objeto “arqueológizado” como un salvaje sin historia. Esta forma de entender al indígena corresponde a la ciencia de la época caracterizada por los determinismos[18].
Entrado el siglo XX se sigue pensando en la Argentina como un territorio sin indios, pues estos constituyen una especie de traba para alcanzar el progreso[19]de tal manera que su exterminio estaría justificado[20]. Estas situaciones fueron presentadas en los textos de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, el indio era significado de atraso y el blanco de progreso y modernidad.
Los textos salesianos de mediados del siglo XX significan para los indígenas de la Patagonia una mirada distinta a la que se tenía sobre ellos, pues comienza a hablarse de la unidad del género humano y a culparse al demonio de sus “hábitos salvajes”[21]. En los escritos salesianos se presenta un cese de la violencia y se describe al misionero como llevando a cabo actos de piedad como bautizos y reducciones.
Esos mismos textos estuvieron dedicados a exaltar la figura del niño indígena Ceferino Namuncurá[22] que se convierte en patrón a seguir en testimonio de vida para los miembros de las comunidades patagónicas que aún se resistían a entrar en las formas de comportamiento propuestas por la mayoría blanca en una Argentina que buscaba verse cada vez más blanca.
Este tipo de trabajos muestran el derrotero de la historiografía actual para el estudio del papel de la educación en la construcción estatal y el orden social liberal, señalan también los acuerdos y consensos que se dieron en toda Suramérica entre sectores aparentemente contrarios.



[1] María Egaña Baraona, La Educación Primaria Popular en el siglo XIX en Chile: Una práctica de política estatal (Santiago: LOM Ediciones, 2000), 13
[2] María Egaña Baraona, La Educación Primaria Popular…,22
[3] María Egaña Baraona, La Educación Primaria Popular…,27
[4] María Egaña Baraona, La Educación Primaria Popular…,32
[5] María Egaña Baraona, La Educación Primaria Popular…,33
[6] Lucía Lionetti, “La Educación Pública: escenario de conflictos y acuerdos entre católicos y liberales en la Argentina de fines de siglo XIX y comienzos de siglo XX” en Anuario de estudios americanos  (España, 2006), 79
[7] Lucía Lionetti, “La Educación Pública: escenario de conflictos…, 80
[8] Lucía Lionetti, “La Educación Pública: escenario de conflictos…, 84
[9] Lucía Lionetti, “La Educación Pública: escenario de conflictos…, 86
[10] Lucía Lionetti, “La Educación Pública: escenario de conflictos…, 88
[11] Lucía Lionetti, “La Educación Pública: escenario de conflictos…, 89
[12] Fernanda Muñoz, “Perspectiva microhistórica de una experiencia social: los padres de familia de San Rafael( Pasto) y la escuela liberal caucana” en historia crítica ( Bogotá, 2012), 193 
[13] Fernanda Muñoz, “Perspectiva microhistórica de una experiencia social…, 197 
[14] Adriana Santos, “Civilización e instrucción pública en los territorios nacionales: consensos entre liberales radicales e iglesia católica del magdalena” en Historia Caribe n° 21 ( Barranquilla, 2012),32
[15] Adriana Santos, “Civilización e instrucción pública en los territorios nacionales…,38

[16] Adriana Santos, “Civilización e instrucción pública en los territorios nacionales…,42
[17] Adriana Santos, “Civilización e instrucción pública en los territorios nacionales…,44
[18] Mirta Teobaldo y María Andrea Nocoletti, “ Entre centauros y santos: los indígenas de la Patagonia en los textos escolares oficiales y las biografías de Ceferino Namuncurá” en Historia Caribe n°15 (Barranquilla, 2009), 49
[19] Mirta Teobaldo y María Andrea Nocoletti, “ Entre centauros y santos…, 52
[20] Mirta Teobaldo y María Andrea Nocoletti, “ Entre centauros y santos…, 53
[21] Mirta Teobaldo y María Andrea Nocoletti, “ Entre centauros y santos…, 58
[22] Mirta Teobaldo y María Andrea Nocoletti, “ Entre centauros y santos…, 60,61

EDUCACIÓN Y CRECIMIENTO ECONÓMICO EN COLOMBIA (1925-1945)



Colombia al igual que los demás países de la región se vio afectada por los problemas políticos y económicos que tuvieron lugar en Europa y los Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX, esas situaciones obligaron a introducir cambios en la política económica y social de nuestro país que le permitieran salir adelante a las crisis provocadas, dos guerras mundiales, y un periodo entre guerras caracterizado por la crisis más grande que el capitalismo habría de experimentar durante todo el siglo XX, fueron los exámenes que nuestras economías latinoamericanas tuvieron que afrontar todas ellas -y el caso colombiano es un ejemplo de esto- sin estar suficientemente preparadas.
Otros tipos de fenómenos impidieron que la recuperación se diera más rápida en Colombia, problemas como la corrupción y la tenencia de la tierra en algunas regiones del país impidieron que se alcanzara un grado significativo de desarrollo. Las regiones de Colombia donde la distribución de la tierra era más equitativa permitieron unos niveles más aceptables de vida en la mayoría de los ciudadanos, en cambio los lugares donde la producción y la tierra se concentraron en pequeños grupos o empresas extranjeras los grados de desarrollo fueron menores
 Por tanto los porcentajes de alfabetización en las distintas regiones del país variaron de acuerdo con los grados de desarrollo socio-económico y los niveles de corrupción de cada una de estas regiones.
Este trabajo tiene como propósito realizar una somera comparación entre dos aspectos importantes para el desarrollo de Colombia, como lo son el crecimiento económico y la educación, los cuales consideramos están relacionados de forma directamente proporcional, dado que a mayor crecimiento económico más recursos para invertir en educación pública.
Este trabajo se realizará haciendo un balance de lo estudiado en el seminario de historia económica de la maestría en historia de la universidad del atlántico, con algunas de las fuentes consultadas para la realización de la tesis de grado con la que el autor de este articulo pretende acceder al título de master en historia.
 Algunas pistas para la realización de dicho artículo nos la ha entregado la enciclopedia de historia de América Latina de Leslie Bethell, sumado a las memorias del ministro de educación nacional del año 1933 doctor Julio Carrizosa.
La afectación del sistema internacional durante la primera guerra mundial fue generalizada, en especial durante la crisis de 1929, sin embargo este periodo le permitió a América Latina lograr un crecimiento significativo sobre todo luego de los años treinta, a partir de la industrialización por sustitución de importaciones. Este sector surgió como elemento de vanguardia para los países latinoamericanos más grandes y la agricultura para el consumo interno para los países más pequeños.
Estos procesos permitieron una lenta recuperación económica en la mayoría de los países o una recuperación más rápida en algunos casos excepcionales como Brasil y Colombia donde la recuperación económica se inició antes de que volviera el nivel de las exportaciones de los años veinte.
Los años treinta significaron entonces para Colombia la llegada de capitales extranjeros tanto públicos como privados, lo que permitió que se iniciara la construcción de obras públicas de cierta importancia para el estado, este incipiente desarrollo industrial hizo que Colombia viera crecer su proceso de urbanización y por ende la necesidad de construcción de más escuelas públicas.
Muchas de esas inversiones quedaban en los bolsillos de los corruptos pues según el presidente Enrique Olaya Herrera solo el 30 por 100 del dinero se invertía en realidad. Al respecto el ministro de educación nacional Julio Carrizosa Valenzuela en su informe presentado al congreso de la república en 1933 decía
en todos los municipios figura, naturalmente una partida para instrucción, en la cual todos ellos rivalizan, hasta el punto de que algunos hacen figurar hasta el 50 por 100; pero cincuenta por ciento es la mitad de un presupuesto siempre inflado, que en su mayor parte está destinado a pagar bandas de música, empleados y electores… pagar arriendos de esos tugurios… los cuales pertenecen a personas influyentes… creando becas para los hijos de los gamonales, estableciendo colegios de segunda enseñanza con el ánimo de pensionar en ellos a personajes que hacen de profesores…
Mientras tanto había un sector agrícola que mantenía un crecimiento importante, en primer lugar se encontraba el café, que caracterizado por una combinación de pequeñas y grandes propiedades permitió que en estas zonas se disfrutara d cierto aire de prosperidad y esto ayudaría más tarde a jalonar las manufacturas sobre todo en Medellín y Barranquilla.
Por otro lado se encontraba el banano caracterizado por producirse en grandes propiedades de capital extranjero, por esta razón estas zonas bananeras no experimentaron la prosperidad que se dio en las regiones cafeteras de pequeña propiedad, debido a que la concentración de la tierra impidió que la riqueza se distribuyera en un mayor número de la población, hubo menores ingresos por conceptos de impuestos y por tanto menor inversión en escuelas al respecto el ministro Carrizosa comentaba
A los maestros era común que se les adeudara hasta un año de salario, esta era responsabilidad de los departamentos, en algunos casos las escuelas primarias eran cerradas para poder sostener los colegios de segunda enseñanza. Los útiles escolares que eran responsabilidad del gobierno nacional no llegaban ni siquiera a los colegios de Bogotá.
Los excedentes producidos en las zonas cafeteras permitieron una mayor inversión en educación, sobre todo en construcción de edificios destinados a escuelas públicas ya que en Colombia los gobiernos municipales y departamentales tenían la posibilidad de cobrar impuestos, que luego eran invertidos en prioridades trazadas por ellos mismos, siendo la educación de los niños un elemento importante.
El mismo ministro Carrizosa señalaba “edificaciones donde no se ha olvidado ninguna de las cornisas, ni medallones del estilo o de la fantasía del arquitecto, quien ha sabido invertir toda la partida que hubiera alcanzado para construir tres o cuatro escuelas modestas…” 
Durante mucho tiempo el rio Magdalena fue la principal arteria de comunicación del país y esto benefició a todas las poblaciones ribereñas desde Honda hasta Barranquilla debido al paso obligado de las mercancías por el rio ayudaba de igual manera a estas poblaciones a construir su desarrollo cultural.
Pero los años treinta significaron una baja en las exportaciones colombianas al exterior como consecuencia de la gran depresión económica de 1929, aunque muchas de esas caídas fueron sufridas por las mismas compañías extranjeras que tenían presencia en Colombia, los cafeteros por su parte tuvieron que sobrevivir con precios poco alentadores durante toda la década de los treinta. Sin embargo las obras públicas continuaron gracias a préstamos en los que los gobiernos se habían embarcado. 
La industrialización y la modernización de la agricultura incentivaron el proceso de urbanización, de igual manera hicieron que las expectativas de las personas crecieran, el campesino que se proletariza tras su llegada a la ciudad tiene la aspiración de que sus hijos se eduquen, por lo tanto los envían a la escuela y la demanda de estas aumenta, la población urbana aumenta sobretodo de las ciudades de Medellín, Cali y Barranquilla, donde la población seguía vinculada a la producción agropecuaria.
La inmigración internacional en Colombia no fue tan importante como si lo fue en países como Argentina, o Brasil, tal vez la ciudad con mayor recepción de inmigrantes extranjeros fue Barranquilla aunque muchos de estos luego se distribuyeron por todo el país.
Siendo como eran las economías latinoamericanas básicamente exportadores se vieron beneficiadas al iniciar la guerra dadas las demandas de los países en conflicto, quienes requerían materias primas para alimentar su industria bélica, de este pequeño momento de auge se vieron beneficiados país como México, Perú y Bolivia; mientras que nuestro país no participó de esta bonaza debido a no contar con materias primas estratégicas para la industria la fabricación de armas en Europa.
El inicio de la segunda guerra mundial significó para Colombia problemas legales, políticos y económicos comunes a toda América Latina, debido a la amenaza en la que se encontraban sus mercados en Europa. Un ejemplo típico de ello eran los mercados de Alemania los cuales se perdieron debido al bloqueo que sobre sus puertos ejerció Gran Bretaña, esto precipitó una caída en las exportaciones hacia ese país y a su vez la acumulación de excedentes por lo cual cayeron los precios del café, trigo, maíz, azúcar, bananos, etc.
Estos excedentes intentaron abastecer los mercados de oriente principalmente de Japón, para lo cual se firmaron algunos acuerdos comerciales pero su participación en la guerra y el sentimiento anti-japonés provocado por los Estados Unidos en el continente obstaculizaron el éxito de estos negocios.
Como salida a esta situación adversa se fortaleció el comercio interamericano, los Estados Unidos permitieron el ingreso a su país de productos que no compitieran con su agricultura y que provinieran de América Latina, de igual manera entre países latinoamericanos se firmaron algunos tratados que permitieron el ingreso a sus países de productos necesarios, Colombia y Argentina firmaron algunos acuerdos en este sentido, que permitieron la exportación a ese país sobre todo de frutas tropicales.
El caso colombiano es típico en la región, pues aunque las exportaciones a Estados Unidos crecieron significativamente, las importaciones crecieron aún más, lo que permitió la consolidación del dominio económico estadounidense sobre nuestro país y la región bajo el sofisma de una supuesta defensa continental. Del mismo modo el ingreso de los Estados Unidos en la guerra significó diversos tipos de presión sobre los países latinoamericanos y Colombia para que estos se alinearan del lado de los aliados.
Entre 1940 y 1945 las exportaciones colombianas estuvieron por encima de las de países como Argentina, Bolivia, Chile y México; pero por debajo de algunos países del caribe como Haití y Cuba y por debajo de países de Suramérica como Venezuela, Paraguay, Ecuador y de El Salvador en Centroamérica. Aunque el PIB per cápita no alcanzó ni el uno por 100la industria nacional aumentó su porcentaje en el PIB en un 3 por 100 en tres años, y los recursos en divisas aumentaron en un 540 por 100.
Aunque durante este periodo   Colombia experimentó un auge en la producción y exportación de café, su crecimiento se llevó a cabo con gran lentitud, la principal razón fue las instituciones que el estado colombiano creó para moderar los efectos del auge del café, y que se encontraban en plena función tratando de frenar un posible efecto inflacionario.
Los niveles de industrialización en Colombia eran bajos al terminar la guerra si los comparamos con otras economías industriales de la región, sin embargo a diferencia de otros países de América Latina Colombia implantó una política de protección de su economía bastante débil, a la vez que promovió por igual industria y agricultura.
Los niveles educativos en gran medida fueron factores de ascenso y diferenciación social como lo veremos a continuación: Las clases altas estaban conformadas por empresarios y terratenientes muchos de ellos de origen europeo, norteamericano y de cercano oriente.  
La clase media estaba conformada por profesionales vinculaos a empresas públicas y privadas donde tenían funciones administrativas o directivas y en otros casos eran dueños de pequeños negocios como almacenes, tiendas, fincas, etc.
Las clases populares estaban conformadas por jornaleros en el campo y en las ciudades por campesinos proletarizados recientemente, trabajadores domésticos, desempleados o mano de obra no calificada, vendedores ambulantes, etc.
Un factor que podría diferenciar a una persona de la clase media con las clases populares era el haber logrado culminar la secundaria, dado que el estado no alcanzaba a brindar este grado de formación a todos lo que lo demandaban.
Algunos de ellos tenían la posibilidad de hacer estudios complementarios y calificar su mano de obra, y de esa manera emplearse en la incipiente industria que para la época se estaba gestando en ciudades como Medellín Cali o Barranquilla.
Otros tenían la oportunidad de hacer carrera en el magisterio y asistir a las escuelas normales que se estaban fundando en casi todas las capitales de los departamentos e incluso en algunas ciudades intermedias, los más afortunados tendrían la posibilidad de asistir a la universidad y hacerse profesionales en un país donde aún a mediados de siglo XX era un lujo saber leer y escribir.
Los efectos de la primera guerra mundial y la crisis de 1929 se sintieron en el mundo de forma distinta, pero sin lugar a dudas presentaron enormes afectaciones a las economías que causaron trastornos a la inversión, cambios en las relaciones comerciales de los países, etc.; propiciaron por ejemplo el cambio de la vocación exportadora de algunos estados, en América Latina propició la industrialización debido a la reducción significativa en la llegada de productos que provenían de la industria europea.
Colombia no se escapó a ninguno de los escenarios que afectaron la economía de América Latina y que por ende fueron determinantes para definir la cantidad de recursos destinados a la construcción de escuelas públicas, pago de maestros y otros factores inherentes a la educación pública. Se pudo establecer como en la medida que los escenarios económicos internacionales eran favorables, la inversión en educación aumentaba y a su vez como cuando los escenarios económicos eran desfavorables la inversión en educación disminuía.
Se tocó en este artículo también el factor de la corrupción y se pudo observar de primera mano a través de las denuncias del propio ministro de educación nacional, como la corrupción malgastaba y se apropiaba de los pocos recursos en todo tipo de banalidades.
Se pudo observar de igual manera la forma como la economía se constituye en un factor determinante para la inversión social y sobre todo para la inversión en educación; a la vez se pudo observar como la educación se mostraba como una prioridad para el gobierno en el marco del discurso, mientras que en la práctica quedaba relegada a un lugar de poco privilegio, sobre todo por parte de los alcaldes y gobernadores.



 Bibliografía
·         BETHELL, Lesllie. 1991. Historia de América Latina. Tomo VII Economía y Sociedad 1870-1930, ed. Crítica.
·         KALMANOVITZ, Salomón. 2010. Nueva Historia Económica de Colombia. Ed. Taurus
·         HELG, Aline. 1987 La Educación en Colombia 1918-1957. Una historia social económica y política. Ed. Carec.
·         CARRIZOSA, Julio. 1933. Memoria del ministro de educación nacional al congreso de 1933. Ed cromos


viernes, 6 de octubre de 2017

¿HISTORIA DIGITAL?





Con preocupación estamos presenciando como la tarea del historiador viene siendo suplantada por algunos otros investigadores, que aunque serios en sus respectivos oficios, no se hallan obligados por sus disciplinas a exponer sus conclusiones sobre el pasado con el rigor al cual nos encontramos sujetos -por propia voluntad-  los historiadores y profesores de historia.  Periodistas, literatos, guionistas de cine y televisión  están contando la historia de una forma que todos la están entendiendo, tal cual y como este (o los que  tras de él se encuentran) la quiere mostrar, nadie pregunta de dónde sacaron la información pero de manera desprevenida la mayoría de sus lectores o más bien televidentes la dan por cierta.

Este trabajo será presentado en el seminario Tecnologías e Innovación en la Enseñanza de la Historia y tiene como propósito realizar una síntesis de los autores que en esta parte del seminario hemos tratado, consideramos de mucha importancia la utilización de modernas herramientas para la investigación y enseñanza de la historia hoy.

Sin lugar a dudas nos encontramos inmersos en una época de cambios muy profundos, sobre todo en lo que tiene que ver con las comunicaciones y la información. Aquellos modos de vida que los sujetos de mi generación vieron en los años ochenta a través de las tiras cómicas, son en este momento una realidad, las video conferencias, la mensajería instantánea, el acceso a toda la información existente a tan solo un “clic” son hoy cuestiones cotidianas a las que cada vez más personas tienen acceso.

Las disciplinas científicas (y las que no son consideradas como tal) están cada vez más apoyadas en las TICs, eso garantiza un mejor desarrollo de su trabajo, pero sobre todo la exposición de mejores resultados. Podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que todo en este momento se encuentra sometido al imperio de las TICs; hoy en educación  -por ejemplo-  los métodos o paradigmas que no se hallen apoyados en TICs son ya considerados obsoletos.  Una clase de geografía apoyada en una vieja lamina en donde pueden aparecer países extintos y haga falta estados jóvenes no es una opción, tampoco las instituciones educativas creo podrían estar dispuestas –aun cuando cuenten con altos presupuestos-  a tener en sus mapotecas centenares de laminas que den cuenta de los  límites fronterizos de los estados siendo que estos cada vez varían mas. Las comparaciones de los mapas antes y después de las guerras son uno de esos factores que imposibilitan la enseñanza de la historia a través de láminas.  Hoy es mucho más fácil presentar estos cambios siempre y cuando se cuente con los recursos mínimos para este fin. Lo anterior es apenas un ejemplo pequeño de los resultados que pueden significar los usos de herramientas tecnológicas en una clase de historia para estudiantes de secundaria.

Otro ejemplo interesante podría ser la comunicación que se establece con los estudiantes dentro pero sobre todo fuera del aula, sabemos que los jóvenes le dedican mucho tiempo a las redes sociales, y hasta cierto punto esto podría utilizarse en favor de establecer un contacto con los alumnos de forma agradable, para ellos y a la vez beneficioso para el trabajo docente y productivo para su propio proceso de aprendizaje. El profesor Nicolás Quiroga[1] nos advierte sobre “el papel de las nuevas tecnologías en el quehacer historiográfico” y nos propone el blog como una forma sencilla de publicar adelantos de trabajaos de investigación; en el aula escolar este puede utilizarse como forma de comunicación virtual con los estudiantes, a la vez que siendo un poco didácticos incluso podría ser esta una interesante forma de los más jóvenes se acerquen más a ciertas lecturas.

Pero esta no será una tarea fácil más aun cuando existe tanta resistencia a estos cambios, sobre todo por  parte de algunos historiadores o profesores de historia que prefieren mantenerse en su zona de confort o que no cuentan en sus lugares de trabajo cono acceso a las herramientas que les permita desarrollar su tarea académica bien sea investigativa, docente o ambas  de la manera como el día de hoy lo exige. Al respecto la profesora Stefanía Gallini nos llama la atención sobre la importancia del uso de las nuevas tecnologías en el  “investigar, comunicar conocimiento, conservar fuentes históricas, analizarlas y enseñar crítica e históricamente”[2] o en otras palabras la utilización de las TICs en la tarea del historiador de hoy; a estos investigadores del pasado los denomina “digitales” entonces ¿los profesionales en otras disciplinas que hagan uso de las herramientas propias del momento histórico en el vivimos serán denominados digitales? ¿Deberíamos hablar entonces de maestros, ingenieros, juristas, médicos, teólogos, o poetas digitales? Creo que estamos en un momento en el que se nos “obliga” so pena de quedar relegados u obsoletos a “ponernos al día” con las nuevas tecnologías para facilitar nuestro trabajo y comunicarlo también de una manera agradable y sencilla. 

Cada vez son más las bibliotecas y los archivos que suben sus fondos a la red para la consulta de los interesados, este sabemos es una iniciativa aun insipiente,  sin embargo,  sabiendo lo veloz que avanza la tecnificación de estos lugares debemos tener la confianza de que dentro de muy poco tiempo, no será necesaria la visita del investigador al archivo o a la biblioteca, solo será necesitara contar con las herramientas  para ingresar de manera virtual a los fondos de esos lugares y realizar una tarea igualmente efectiva solo que mucho más económica.  

Pero para lograr que historiadores y profesores de historia alcancen estas competencias es preciso iniciar desde comienzos del proceso de formación misma, desde a universidad. Por ello las universidades deben reformarse a sí mismas, buscando fomentar en sus estudiantes estas competencias o en palabras del profesor Jesús Salinas “implicarse en procesos de mejora de la calidad…en procesos de innovación docente apoyada en las TIC”[3] de esa manera el profesor dejará de ser lo que tradicionalmente fue para convertirse en un facilitador de herramientas, sin que los docentes dejen de ser un elemento esencial en el sistema educativo.

Las universidades has creado al menos en nuestro país dos modelos de formación el presencial y el virtual, el primero muy rígido y tradicional y el segundo muy distante, el reto será crear un modelo de educación más flexible que convine  la cercanía y el rigor del primero con el manejo de las TICs propios de la educación virtual.

Al momento histórico en el que nos encontramos –que para muchos es una verdadera tercera revolución industrial-  el profesor Ignacio Muñoz lo ha denominado “la revolución digital”[4] y definitivamente los historiadores y profesores de historia no podemos seguir siendo indiferentes a ella, factores como “la veneración” del texto impreso en papel se convierten en señales de tal indiferencia, la historia debe investigarse y enseñarse de a acuerdo a los parámetros dictados por el momento histórico en el que nos encontramos, por tanto la utilización de las herramientas tecnológicas serán hasta cierto punto de uso obligatorio.  No podemos pretender hacer historia en la llamada era digital con los métodos tradicionales o propios del siglo pasado.

¿Si un quirófano  del siglo XXI es tan distinto a uno del siglo XX por que los lugares donde se investiga y enseña la historia deben seguir siendo iguales al siglo XIX? La investigación y la enseñanza de la historia deben cambiar o simplemente desaparecerán y esta será reemplazada por el discurso de periodistas,  literatos o guionistas de cine y televisión;  la utilización de los medios y herramientas tecnológicas serán de cardinal importancia para generar los cambios necesarios que nos lleven a conseguir los resultados que esperamos. No creo que sea importante colocarnos el remoquete de “digital” pues sencillamente a juicio nuestro la historia que se haga en el siglo XXI será digital o sencillamente no será.

Lo que si es importante es el dialogo obligatorio con disciplinas que tradicionalmente no contábamos como auxiliares para la investigación y la enseñanza de la historia, entre ellas las ingenierías afines a los sistemas de información.  La accesibilidad a la tecnología, será importante para alcanzar estos retos, de esta manera pasaremos de publicar o exponer nuestros resultados parciales o definitivos de un formato tradicional a formatos interactivos, que haga de la historia una disciplina propia de este siglo.




[1] Nicolás Quiroga, Blogs de historia: usos y posibilidades. En “historia critica” N° 43. Bogotá 2011
[2] Stefania Gallini Historia digital en la era 2.0. introducción al dossier historia digital en “historia crítica”  N°43 Bogotá 2011
[3] Jesús Salinas. Innovación docente y uso de las TIC en la enseñanza universitaria, en “ revista universidad y sociedad del conocimiento” vol.1 N°1, 2004
[4] Ignacio muñoz. Hacer historia en la era digital, en “pensamiento crítico revista digital de historia” N°6 2010.