viernes, 22 de enero de 2021

LA TRADICIÓN ORAL COMO FUENTE PARA LA CONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA LOCAL Y REGIONAL.



Como encargado del área de ciencias sociales de la Institución Educativa Técnica Departamental de Cabrera iniciamos en el año 2006 un proyecto de reconstrucción del pasado de cuatro pueblos a la orilla de la ciénaga de Palmar en el sur del departamento del Magdalena (Pijiño, Cabrera, Pita y Angostura). Este trabajo estuvo asistido por el semillero de investigación homo scholaris y financiado por el programa ciclón de la gobernación del Magdalena.

Tuvimos como centro de operaciones la población de Cabrera, en un corregimiento del municipio de Pijiño del Carmen en el departamento del Magdalena y ubicado a orillas de la ciénaga del Palmar en una subregión del litoral caribe conocida como la depresión momposina. Cuando iniciamos nuestra investigación sobre la historia de estos pueblos nos encontramos con la poco grata sorpresa de que no había historia escrita sobre ellos.

Hemos realizado algunas consultas sobre el pasado de los pueblos de la región y eso nos sirvió como punto de partida para el inicio de nuestro trabajo de investigación, remitiéndonos -al menos en principio- a las mismas fuentes escritas que fueron consultadas por los investigadores históricos de los municipios vecinos y de la región sur del departamento del Magdalena.

Dichas fuentes nos indicaron algunos aspecto generales para el origen de todos los pueblos de la región, pero en el caso concreto de los pueblos que comparten la ciénaga del Palmar nos encontramos con una situación que podemos catalogar como problemática: los primeros pobladores de la ciénaga del palmar no sabían leer ni escribir,  y siendo así ¿cómo podían estos primeros pobladores dejar documentos que hoy sirvan como fuente? los primeros pobladores de la rivera de la ciénaga, eran analfabetas, por lo tanto, no dejaron documentos  escritos, ¿Cómo realizar una investigación de tipo histórico-cultural con estudiantes de media vocacional si las comunidades que pretendemos historiar no sabían leer  ni escribir? Solo nos queda una opción: usar la oralidad de nuestros pueblos (dichos, refranes, cuentos, cantos, bailes, poemas, adivinanzas, mitos, leyendas, anécdotas, etc.) como fuentes para la historia.

Para comenzar todo esto, iniciamos haciendo entrevistas a algunos adultos mayores que gracias a su lucidez pensamos nos podrían ayudar con nuestro trabajo investigativo. En principio fueron de mucha ayuda pues sus relatos afirmaron muchas de las hipótesis que desde el principio nos habíamos trazado. Pero con el transcurrir del trabajo nos  dimos cuenta que por lo general los adultos mayores  sobredimensionan su participación y la  de sus antepasados en los hechos fundacionales de los pueblos de la ciénaga.

Por esa razón, aunque no hemos descartado por completo dichas fuentes, entendemos la oralidad como fuente para la historia de una manera distinta. Estas las podemos conocer aun en los recuerdos de las personas, en el uso diario en las tradiciones artísticas, en los cuentos de velorio e incluso en las artesanías; algunos textos escritos recogen algunos de estas enseñanzas que hemos querido llamar “filosofía popular”.

Este trabajo tiene como propósito mostrar nuestras experiencias en la utilización de las fuentes orales y la filosofía popular en la reconstrucción de la historia de estas cuatro poblaciones. Para tal efecto hemos tomado los textos del escritor local Esginio Arrieta López “Pijiño sus Mitos y sus Leyendas e Historias de Pijiño, el “baile de negritos” y algunos poemas del “poeta negro”, Candelario Obeso que nos servirán como fuente para la reconstrucción de la historia de estas sociedades ágrafas.

A continuación, presentaremos algunos aspectos de la oralidad que hemos utilizado para la reconstrucción de la historia de los pobladores de la ciénaga del Palmar:

 

Baile de Negritos:

Esta danza consiste en que en grupo de hombres que danzan alrededor de un disfraz de tigre, al cual intentan matar, armados con machetes y palos adornados con sombreros grandes de muchos colores, al finalizar la danza los hombres logran cazar al tigre, le cortan los genitales y se los entregan a la persona más importante que se encuentre en el recinto.

Esta danza la entendemos como tradición oral primero por ser una danza centenaria y segundo porque nos permite entender la lucha que emprendió el colono contra los depredadores, los colonizadores realizaban las tareas de desmonte de la selva con el propósito de ampliar la frontera agrícola y ganadera, pero los felinos eran los principales enemigos del ganado, por tal motivo estos contrataban cuadrillas de cazadores para que intentar exterminar a los grandes felinos y otros depredadores de la zona, para comprobar que el animal había sido cazado se presentaban al dueño del ganado los genitales del animal.

Canto del Montaraz:

 “…esta vida solitaria que aquí llevo, con mi hembra y mis hijos… no me falta ni tabaco ni alimento de mis palmas es el vino… y el guarapo de mis cañas… aquí nadie me aturuga la tropa vive lejos con que así yo no cambio lo que tengo por las cosas que otros tienen en los pueblos”.

Este fragmento del “canto del montaraz” del poeta momposino Candelario Obeso nos ayuda a entender el sentimiento del hombre de los siglos XVII al XIX en cuanto a que ellos preferían vivir en los montes a la orilla de los caños y los pantanos que, en los pueblos, les tenían menos miedo a los animales feroces que a las autoridades de la época, quienes los acosaban (aturugaban) con el cobro de impuestos para el Estado y la iglesia.

Así fueron los primeros pobladores de la ciénaga hombres y mujeres amantes de la libertad que prefirieron vivir alejados de la civilización con tal de ser verdaderamente libres, así inició el poblamiento de la rivera de la ciénaga del Palmar.

Pijiño sus Mitos y sus Leyendas: “La ciénaga del palmar estaba llena de cocodrilos, caimanes, babillas, chavarríes, garzas morenas, garzas blancas, ponche y nutrias… habían noches que… mataban cincuenta o sesenta caimanes… al tiempo de estar realizando esta casería de animales en la ciénaga los animales huyen a los caños: Camargo, Guacimal y otros a la quebrada de Culebra”

Este fragmento del escritor local Esginio Arrieta López da cuenta de lo que era la ciénaga en otras épocas un santuario para diversos tipos de especies pero que con el tiempo el hombre en su afán depredador ha ido restando espacio y numero a esas especies. Hoy día las personas de esta generación nunca han visto un caimán, cocodrilo o garza morena, debido a que algunos hombres un día decidieron condenarlos a la pena de muerte y del exilio.

Historias de Pijiño: “Había gente que venía de otros pueblos a confirmar sobre los comentarios que hacían… en donde las brujas asustaban y las veían caminar por las calles… y sí era verdad que las veían caminar… pero no eran las verdaderas brujas… las que cantaban en las copas de los árboles o las que cogían a los hombres y los convertían en burros…”

Tradicionalmente en estos pueblos no llegaba combustible suficiente para mantener iluminadas las calles, por tal razón la oscuridad de la noche se prestaba para llevar a cabo encuentros o realizar actividades que usualmente no podían llevarse a cabo ante los ojos de todos y a plena luz del día, por tal motivo estos “cuentos de  velorio” sirven como factor aleccionador para que los jóvenes se “recojan temprano” y los esposos infieles o borrachos piensen varias veces antes de llegar tarde a casa.  

Estos son apenas cuatro ejemplos de la extensa tradición oral que nos da cuenta de cómo fue el pasado de estos pueblos, es cierto que no contamos con suficientes fuentes escritas, pero la amplia oralidad nos explica no solamente como fueron los orígenes sino el desarrollo de los pueblos de la ciénaga.

Este trabajo sirvió para dar a conocer un poco más a estudiantes de educación media sobre su propia historia y sus tradiciones culturales, les ha servido para conocerse a sí mismos, para entender su propio pasado y algún día llegar a conocer su presente.

domingo, 10 de enero de 2021

CUATRO PUNTOS DE VISTA SOBRE LA HISTORIA.

 


Hablar sobre Historia no resulta fácil, pero a veces es necesario para muchas personas, sobre todo si estas se encuentran relacionadas con el oficio de la enseñanza, la investigación o la literatura. En otros idiomas la Historia como disciplina científica se distingue de otro tipo de historias, que en castellano debemos denominar con frecuencia un tanto eufemísticamente cuentos, anécdotas, leyendas y demás para así distinguirla de nuestro objeto de estudio.

No es el objetivo de este articulo realizar un análisis o dejar clara tal distinción, más bien será poner de presente la manera cuatro académicos de distintas partes del mundo abordan el problema de la historia, sin preocuparse por esas diferencias, pues, ese trabajo le tocará al lector.

A continuación, presentaremos una bree reflexión de cuatro conferencias realizadas por cuatro personas distintas, pero que tienen como hilo conductor el exponer desde sus muy distintos puntos de vista, sus conceptos y utilización de la historia como pasado, pero también como presente. A partir de estas reflexiones podemos entender lo importante que puede llegar a ser la Historia como disciplina en distintas áreas del conocimiento.

La escritora Chimamanda Nqozi Adichie cuenta a través de algunas anécdotas de su vida los peligros de conocer una historia única, empieza por relatarnos como sus influencias literarias (británicas y estadounidenses) la hicieron escribir desde muy niña historias sacadas de su contexto tropical africano , aquí nos presenta el primer problema este es cuan influenciable se puede llegar a ser sobre todo en los primeros años de vida, en donde llegó a pensar que solo personas blancas y con ojos azueles podían aparecer en la literatura.

Otra anécdota sobre su vida que nos alerta sobre los peligros de una sola historia fue la llegada a su casa de un nuevo empleado doméstico, a quien siempre lo describieron como “muy pobre” y necesitado cuando tuvo la oportunidad de conocer su casa y su familia se sorprendió al darse cuenta que podían hacer tejidos a los que calificaba de “bonitos”

Cuando sale de su país a estudiar a los Estados Unidos ella se convierte en una víctima del equivoco de alguien que solo conoce una sola historia, su compañera de cuarto esperaba conocer a través de ella elementos autóctonos de la cultura de su país y dice que su compañera se sintió decepcionada cuando se dio cuenta que su nueva amiga africana era más parecida a ella de lo que imaginaba.

Lo mismo le sucedió a nuestra protagonista cuando observo el problema de inmigración (¿ilegal?) solo desde la óptica sesgada de los medios de comunicación estadounidenses al calificar a todos los inmigrantes como “mexicanos” y “abyectos”, tuvo que visitar la ciudad de Guadalajara para caer en cuenta de su equivocación.

Aquí se nos presentó los peligros de conocer una sola historia, y aunque comparto con ella que ese sesgo puede generar estereotipos basados en la superioridad, me preocupa el hecho de que amparados en esta premisa abandonemos la idea de utilizar la historia para denunciar y se convierta en una forma de apología que nos aleje de hacer de la historia una herramienta para construir un mejor futuro.

La conferencia del profesor James Robinson inicia planteando que los incrementos de los niveles de vida dan lugar a una mayor productividad, en esto tuvo que ver mucho la revolución industrial su teoría se desarrolla luego de preguntarse por qué unas sociedades son más innovadoras que otras, la respuesta l encuentra en la solidez de sus instituciones, para esto realiza una comparación entre dos de los hombres más ricos del mundo, uno estadounidense y otro mexicano Bill Gates y Carlos Slim, el primero de ellos se hizo rico por medio de la innovación el segundo logro su riqueza con base en los monopolios.

Esta práctica es tolerada en países como México donde las instituciones son débiles, poco eficaces o también denominadas por las economías extractivas, las economías inclusivas permiten la innovación ponen freno a los monopolios y ayudan equilibrar la riqueza. Me llama la atención el caso de China que cuenta según el profesor Robinson con una economía inclusiva y una política extractiva esta situación podrá mostrar avances en algunos aspectos, pero a juico del autor esto será insostenible en el tiempo.

Es cuestionable las categorías de análisis utilizadas por el profesor Robinson, pero no deja de ser interesante su explicación en cuanto al desarrollo de los países. El caso de China es también muy cuestionable, pero me llama la atención que se atreve a hacer una predicción (siendo que a los historiadores no se nos permite la tarea de “profetas”) cuando afirma que el caso chino será insostenible es como si estuviera anunciando la caída de China como potencia económica y principal competencia de los estados unidos.

El profesor Yuval Noah Harari inicia su disertación señalando como hace setenta mil años el impacto de nuestros antepasados era totalmente insignificante y se pregunta ¿cómo es posible que en este momento seamos los administradores de la tierra? Una primera respuesta trataría de explicar nuestra diferencia individual con las otras especies de animales, pero para nuestro conferencista no es así, para el profesor Harari nuestras diferencias con los demás animales se hallan en el plano colectivo. Pues somos los humanos los únicos animales capaces de cooperar en masa, los sistemas políticos, religioso, económicos, sociales y culturales son todas formas de cooperación en masa, denominadas también como “historias inventadas” pues no son realidades objetivas.

Concluye diciendo que los seres humanos controlamos el mundo porque “vivimos una realidad dual” los demás animales viven en una realidad objetiva, nosotros también vivimos esa realidad, pero con el paso del tiempo hemos construido una realidad imaginaria (dinero, países, dioses, etc.) pero el avance de la historia ha significado adquisición de poder por parte de esta segunda realidad.

La larguísima duración no es a mi juicio posible de historiar, sin embargo, llama poderosamente la atentación como el profesor Harari denomina “realidades inventadas” todas las cosas que hacen a los seres humanos diferentes de los demás animales, los aspectos que nos enorgullecen a todos son para nuestro historiador una realidad creada para imponerse unos seres humanos sobre otros.

El desarrollo de la conferencia del profesor Enrique Dussel inicia con una premisa él esquema de la historia de las culturas es totalmente eurocéntrico, y los es a raíz del esquema de posición de las masas continentales. Continúa remplazando el concepto “Historia universal” por el de “Historia Mundial”. A partir de aquí inicia una disertación que podríamos resumir en la intención de proponer una nueva mirada la historia mundial, pero desde las periferias y no desde el centro europeo. Para ello demuestra que Europa es un continente céntrico solo a partir de los años setenta del siglo XIX época en que Europa consolida la revolución industrial y se lanza a la conquista de nuevos mercados por tres continentes.

Su tesis la presenta -con mapa en mano- mostrando como el continente europeo fue siempre periférico desde los puntos de vista cultural y comercial, critica la división de la historia en antigüedad, medioevo y modernidad; de igual manera afirma que algunos modos de producción que explicaron en el pasado la historia del mundo no existieron sino en ese continente. Por haber todos prendido la historia mundial con este esquema, el profesor Dussel proponen rehacer el esquema de la historia de las culturas, pero alejados del eurocentrismo que a juicio suyo nos ha dejado una percepción equivocada del pasado de todos.

Es interesante la posición que el filósofo argentino nos propone. Pues considero que desde nuestra óptica podemos comenzar a rehacer la historia mundial, está claro que la mayoría de los conceptos de la historia universal que hemos aprendido y hoy enseñamos son totalmente eurocéntricos y algunos de ellos nos han conducido a dar por ciertas algunas afirmaciones de la cuales no tenemos plena certeza. La posición del continente americano al occidente de Europa ayuda a reforzar la idea de un continente céntrico que a la luz de la realdad geográfica no lo es. Pero tal vez nos ayudaba a creernos occidentales.

Como pudimos observar la Historia (sin importar que esta sea disciplina científica) resulta de cardinal importancia para muchos académicos e intelectuales dedicados a la enseñanza, dado que a partir de ella presentan su punto de partida para el planteamiento y defensa de sus hipótesis.

No están de acuerdo entre sí, es mas si los sentáramos a debatir en un mismo panel quizá no llegarían a un consenso, sin embargo, en algo si están de acuerdo y es en la importancia que para ellos tiene el entender la historia, mucho mas que como un conjunto de relatos.

 

martes, 5 de enero de 2021

LOS CONCEPTOS “CULTURA POLÍTICA” Y “MOVIMIENTOS SOCIALES” EN LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA DEL PERIODO MONÁRQUICO.

 


Es importante contar con una base conceptual al momento de escribir, más aun cuando lo que se quiere es escribir historia. Dos conceptos importantes son “cultura política” y “movimientos sociales” dado que estos nos ayudan a entender mejor nuestro pasado y presente, dotando a los investigadores del pasado de herramientas conceptuales, para que estas sean desarrolladas en las tareas investigativas, ampliando el campo de estudios, pero sobretodo actualizándolo con los resultados totales y/o parciales de las investigaciones que se han llevado a cabo en las últimas décadas.

Estos conceptos cobran importancia en la historiografía contemporánea con la ampliación de la base de derechos y de la democracia, propias del presente siglo, por tal motivo se hace importante tener clara su definición dado que la aplicación de esos conceptos ayudará a entender –o hacer entender- algunos de los procesos  y acontecimientos estudiados por la historia como disciplina  científica.

Nos puede ayudar a entender también las razones del desarrollo y desenlace  de algunos de los procesos del pasado que han sido de nuestro interés investigativo, pues, ya ha sido utilizado para lo propio por investigadores del pasado que nos han precedido en este interés.

Existe cierto grado de consenso en torno a lo que  sería un acercamiento a la definición de “cultura política” por parte de algunos autores consultados, en términos generales podemos definir “cultura política” como el conjunto de valores, creencias, pautas, comportamientos y aspiraciones que son trascendentes al momento de llevar a cabo cualquier tarea de tipo político.

Estos aspectos definen las relaciones entre individuos, entre grupos pero también entre grupos e individuos; estos elementos son determinados por factores como la época o los niveles de desarrollo económico y social del lugar donde se lleva a cabo la tarea política. Por tal motivo de ninguna manera podemos suponer una “cultura política” edificada, terminada o inmóvil; esta es cambiante, varía de acuerdo a las motivaciones o a las necesidades de cada momento.

Este concepto será un elemento importante a tener en cuenta cuando se quiera hacer análisis de las elecciones, o de la escogencia de autoridades. En la relectura que recientemente se hacen de los movimientos sociales tenemos el ejemplo del  movimiento comunero, que muestra como  en las cedulas del pueblo se proponía deponer las autoridades compuestas por funcionarios ibéricos para ser reemplazados  por funcionarios criollos.

Aunque la propuesta tenga características de una moderna revolución como recientemente se ha planteado, nos llama poderosamente la atención el hecho de que entre sus aspiraciones no se encuentre la de asumir ellos mismos estos cargos. No contaban ellos entre sus aspiraciones con la posibilidad de ocupar lugares de importancia en el orden del antiguo régimen colonial.

Sin embargo entre esas aspiraciones se encontraba la motivación por organizarse para enfrentarse a lo que consideraban “decisiones arbitrarias” por parte de las autoridades locales, esta lucha iba encaminada para el caso del virreinato de la Nueva España a defender el bosque y la existencia de autoridades indígenas tradicionales y que se encontraban por fuera del control de las autoridades reales

Por lo general los movimientos sociales durante el periodo colonial buscaban echar atrás medidas que tomaban las autoridades locales y que afectaban a los sectores agrarios, esas medidas podían ser entendidas por parte de los vecinos como excesos de las autoridades o como actos considerados por ellos como “ilícitos”. En todo caso estas fueron medidas que afectaban directamente la economía de los sectores productivos en las colonias españolas de América y son típicos del silo XVIII y de las reformas borbónicas.

Pero la justicia en el mundo hispánico durante el antiguo régimen era distributiva es decir que a cada quien le corresponde según el lugar que ocupa en la sociedad.  Y además tomaba como fuente la ley castellana, el derecho indiano y el derecho canónico; aparte de que en algunos lugares se tuvieron en cuenta elementos indígenas. El funcionario que oficiaba como juez acudía a cualquiera de estos derechos para tomar su decisión.

Presentaremos a continuación una comparación de dos casos estudiados por los profesores Michael Ducey y Jorge Conde, en el que se podrán establecer diferencias y similitudes entre ambos casos, no obstante la distancia entre las dos situaciones estudiadas Nueva España y la Nueva Granada.

Las tareas de reforma llevadas a cabo en la Nueva España iban dirigidas a extender el dominio de las autoridades hispánicas hasta los lugares donde este no había llegado, para ello era necesario –según las autoridades- talar el bosque y de esa manera tener un mayor acercamiento a lugares más apartados donde la población indígena mantenía autoridades propias para ellos desconocidas y cultivo sobretodo de tabaco  que no representaban para ellos ingresos tributarios, por lo que eran considerados contrabando. Los disturbios se llevaron a cabo en este contexto de aplicación de las medidas reformadoras por parte de las autoridades locales y como respuesta al trato recibido por parte de las autoridades monárquicas.

Las revueltas llevadas a cabo en la Nueva  Granada tenían también motivos anti fiscales, y propició no solamente creación de juntas de gobierno sino propuestas  de tipo radical que llevaron hasta la redacción de un documento que se conoció como la cedula del pueblo donde se proponía que las autoridades españolas sean depuestas y en su reemplazo se erigieran autoridades criollas.

Es de resaltar la importancia de la aplicación de los conceptos “cultura política” y “movimientos sociales” en la investigación del pasado o el análisis del presente, dada la complejidad de la construcción de la sociedad. Los dos ejemplos que hemos utilizado muestran la ventaja de la aplicación de estos conceptos en la investigación sobre el pasado.

EL PAPEL DE LA HACIENDA EN LA SOCIEDAD COLONIAL



La hacienda fue durante el periodo monárquico en América hispánica mucho más que un centro de producción y explotación de la tierra y la mano obra, constituyó también un importante centro para el desarrollo social y cultural de amplios sectores de la población hispánica en el nuevo mundo.

Expertos en este periodo has escrito importantes trabajos que dan cuenta de ello, entre estos tenemos “la formación de la hacienda en la época colonial. El uso del agua y la tierra” de Gisela Von Wobeser y “Hacienda colonial y formación social” de Hermes Tovar Pinzón. El objetivo de este artículo es realizar una comparación entre estos dos trabajos.

La profesora Von Webeser empieza por diferenciar cinco tipos distintos de hacienda, la primera de ellas eran las haciendas azucareras, estas requerían mayor capital y mano de obra debido a varias situaciones, por ejemplo los hacendados debieron construir acequias para llevar el agua a sus haciendas, por otro lado el proceso del azúcar era complejo y no podía hacerse en pequeña escala, debían contar con molinos calderas, viviendas para los amos, trabajadores y esclavos; talleres de herrería, carpintería, alfarería y hasta iglesia dado lo alejadas que se encontraban estas personas de los centros poblados. Por estas razones estas haciendas debían ser -según la autora- propiedad de personas o grupos con mucho capital

En las haciendas cerealeras se producía principalmente trigo, maíz y cebada en menos proporción, en estos lugares también era necesaria la construcción de obras hidráulicas así como también viviendas para administradores, trabajadores libres y esclavos; al igual que en las haciendas azucareras el derecho al agua era fundamental y costoso, aunque en este caso y a diferencia de las azucareras aquí si se podía producir a pequeña escala.

Las haciendas ganaderas necesitaban mucha menor inversión, que las dos anteriores, debido a que las reses y otros animales, se criaban en los montes en condición semisilvestre, solo eran concentrados en algunos momentos del año, para marcarlos o para el sacrificio, para lo cual se requerían muy pocos vaqueros para el cuidado de muchos animales.

Haciendas pulqueras; la elaboración de esta bebida fue exclusivamente indígena hasta la segunda mitad del siglo XVIII, cuando los españoles entraron a participar de este negocio. Se requería de poco capital y poca mano de obra, pues los magueyes se dan de forma silvestre en el actual norte de México y sur de los Estados Unidos, y por ser una planta de zonas áridas requería poca agua y cuidados.

Las haciendas dedicadas a los productos tropicales tuvieron menor importancia, tal vez porque estos productos se destinaban al mercado de exportación, el más importante de ellos era el cacao, aunque la población indígena seguía cultivando el producto, muchos españoles entraron en el negocio. El añil fue un producto al que muchos hacendados se dedicaron, le destinaron trabajo y su explotación fue algo costosa.

Aclara la profesora Von Webeser que muchas haciendas tenían un carácter mixto sobre todo las medianas y pequeñas. El valor de la tierra variaba de acuerdo con su cercanía con el agua, con los mercados y dependía también de la utilización que a la tierra quería dársele. El ganado se alimentaba de pastos silvestres, por esta razón había la necesidad de trasladarlo, esta tarea se conoce como trashumancia. Con el tiempo el agua paso a ser dominio del rey, por lo que se hizo necesario obtener el derecho sobre el uso de las aguas.

Luego la autora hace una descripción de las haciendas poniendo énfasis en las construcciones, casa-habitación, potreros, cercas, capilla, acequias, acueductos, tiendas, luego realiza una descripción de los implementos utilizados  en el trabajo cotidiano de las haciendas siendo el arado el más importante, también se usaba para la labranza azadones, palas, barretas, hachas etc. La mayoría de estos implementos se fabricaban en las mismas haciendas.

Por su parte el profesor Hermes Tovar Pinzón muestra como las haciendas en Colombia estuvieron principalmente dedicadas a la ganadería, y a la siembra de caña de azúcar y cacao, y como la producción agrícola y ganadera estuvo cargo de mestizos, mulatos y negros.

Si bien es cierto la minería jalonó las economías agrícolas de hacienda, no fue esta la constante en todo el país donde eran otras actividades las que impulsaban las actividades de hacienda. Los más importantes productos del siglo XVIII fueron la carne y sus derivados y a caña de azúcar.

A diferencia que en Nueva España, los grandes empresarios nunca se vincularon a la producción de cultivos propios de los pueblos indígenas y otros productos como el trigo fueron casi de absoluto control extranjero, mientras que el cacao fue cultivado en zonas cálidas.

El profesor Tovar Pinzón muestra como la segunda mitad del siglo XVIII significó un período de auge para las haciendas de la costa caribe, debido a la gran población militar que residía en Cartagena a causa de las empresas bélicas en las que España se había embarcado.

Mientras en el anterior trabajo se afirma que en las haciendas ganaderas no se necesitaba mayor inversión, en el caso de la Nueva Granada, fueron familias muy poderosas las que se dedicaron a la ganadería. Incluso instituciones como la iglesia hicieron presencia en la actividad ganadera y agrícola con grandes haciendas en el interior del país, sobre todo en las partes más altas del territorio. La gran hacienda fue muy importante en el territorio de la Nueva Granada.

Los jesuitas son ejemplo de las formas que existían para la apropiación de la tierra, entre ellas se cuentan las donaciones, eran dos las razones por la cual a los jesuitas les entregaban estas propiedades, la primera de ellas era la necesidad de asistencia espiritual a las propias almas del propietario y sus herederos y otra forma era la necesidad de crear institutos de corrección espiritual para criollos y mestizos que vivían en lugares apartados.

Otras formas de apropiación de la tierra fueron las compras, ventas, permutas, etc. De estas maneras se hicieron dueños de enormes propiedades dedicadas a la ganadería como actividad principal.

Estos dos estudios muestran como la hacienda era para las sociedades hispanizadas de América mucho más que centros de producción agrícola, también fueron lugares apartados donde se garantizaba el control social y moral de todos los sectores de la sociedad colonial.

 

 

viernes, 23 de octubre de 2020

“NUEVAS MIRADAS” SOBRE LA HISTORIOGRAFÍA DE LAS REFORMAS BORBÓNICAS.


Es difícil desprenderse de lo que siempre hemos creído y dado por certero, la historia de los siglos XVII y XVIII son ejemplos de lo que estamos planteando, pues la historiografía tradicional colombiana y en general latinoamericana nos mostró un periodo colonial caracterizado por el autoritarismo, la corrupción, el oscurantismo, la opresión etc. Pero nuevas investigaciones están mostrando en Colombia y otros países de la región una mirada distinta del periodo monárquico en la antigua América hispánica.

Este trabajo tiene como propósito hacer una comparación de las anteriores certezas con las nuevas evidencias presentadas por autores recientes y que dan a la historiografía del periodo monárquico una mirada distinta.

Es importante que empecemos por señalar la importancia que existe por revisar la historiografía que da cuenta sobre la posesión de tierras en América por parte de la monarquía hispánica, pues estos nuevos autores han ido modificando posturas heredadas de la historiografía del siglo que presentaron por -ejemplo- la tierra concentrada en pocas manos como “una herencia colonial”, Hugues Sánchez en su trabajo “De esclavos a Campesinos…” nos hace algunas advertencias tales como: las economías campesinas empiezan en el periodo colonial, las poblaciones libres descendientes de esclavos presentan gran capacidad para la producción de alimento, estas comunidades accedieron a la tierra luego de creación del virreinato de la Nueva Granada.

Algunos ejemplos se pueden observar en este mismo trabajo, el surgimiento de San Antonio del dividivi a partir de un hato ganadero, es muestra -según el- de la posibilidad existente en la época de acceso a la tierra por parte de familias de pardos, sin influencias, solo exigiéndole al Estado su participación en el conjunto de privilegios destinados al grupo social al que pertenecían.

Una vez ubicados en el sitio ocupaban tierras realengas de forma comunal, aduciendo haberse enfrentado a los indios chimilas y como campesinos exigían el derecho de utilización de los playones para que el ganado pastara en épocas de verano. Pero las pretensiones de los pardos de todo el Nuevo Reino iban más allá, en algunos casos llegaron a exigir convertirse en villa, debido a que contaban con iglesia, pagaban diezmos, obedecían órdenes, etc.

 Es necesario aclarar que, aunque utilizaban la tierra para la cría de ganado y para la agricultura, su ganado era seminómada, entonces, aunque se trabajaba sobre la tierra no se ejercía propiedad sobre ella. Pueblos como Santa Cruz de Pizarro a diez años de su fundación ya se había convertido en importante productor de maíz yuca caña y ganado vacuno y porcino, esto también se logró a través de la entrega de tierras a sus habitantes, pero estas eran comunales, es decir, no poseían propiedad sobre ellas ni derechos de enajenación.

Otro elemento de los que nos piden distanciarnos, es de la idea de que los conflictos entre grandes propietarios y pequeños se dirimían en favor de los grandes siempre, evidencias que recientemente se han publicado muestran como muchos de estos conflictos se dirimían en favor de los pequeños propietarios o las comunidades que exigían privilegios sobre tierras que eran explotadas de manera comunal, estas eran las formas como campesinos pobres durante el periodo de gobierno de la monarquía hispánica tenían acceso a la tierra de forma legal, en estos trabajos observamos que los campesinos pardos distinto a lo que se ha plateado, estos no eran productores para el autoconsumo sino que también de manera insipiente estuvieron algunos de ellos vinculados a los mercados próximos a los sitios donde residían.

Aunque tradicionalmente las reformas borbónicas han sido mostradas como una ruptura del pacto colonial existente, trabajos recientes muestran la implantación de las reformas más como la puesta en marcha de un Estado moderno, los cambios se empiezan a percibir a partir de mediados del siglo XVIII cuando el poder deja de concentrarse en el cabildo, descentralizándose y acercándose a “sectores emergentes”, esto implica que la vecindad se amplíe la sectores y personas consideradas de linaje impuro. Otros hechos de desarrollo de las reformas fueron la liberación de los mercados, la ampliación del derecho de propiedad de igual manera se amplió la tasa de fiscalidad a la vez que se secularizó la religión. Esta modernización tenía un trasfondo fiscal, proceder propio de los déspotas ilustrados de la época.

Un elemento que -según ellos- no tuvo en cuenta la historiografía del siglo XX es el hecho de que estos factores arriba mencionados dieron una redefinición del lenguaje político, se engendra en la época una concepción del Estado que permitía al vasallo una mejor interacción con el Estado a través de la participación del público, enseñándoles sus deberes y educándolos para la ciudadanía del reino, por esa razón podemos ver en este periodo de reformas a los vasallos solicitando privilegios y derechos.

Esta nueva historiografía muestra al reformismo borbónico no como una etapa de reconquista del territorio como lo mostró la historiografía tradicional, sino más bien como una nueva forma de gobierno que estructuró de forma distinta la relación entre vasallos y el reino y denota en muchos elementos la aparición del Estado moderno. Consecuencia de todo lo anterior fue la aparición de una clase política que conocía y opinaba sobre los temas de gobierno, a mediados del siglo XVIII en el Nuevo Reino de Granada se encontraban textos impresos que buscaban participar en los asuntos estatales, a esto es lo que el profesor Francisco Ortega llama Opinión Publica, eran todos hombres de saber, curas, militares, abogados, letrados pertenecientes a los sectores privilegiados de la sociedad monárquica pero también provenientes  de sectores medios en ascenso.

Según la profesora Concepción de Castro la llegada de los Borbones significó una modernización en las instituciones españolas pero a la francesa, dado que Felipe V antes que concejos lo recibía desde Versalles eran ordenes, y Luis XIV veía a España como una de sus dependencias, la creación de impuestos aunque medidas antipáticas en América resultaban necesarias para enfrentar las empresas bélicas en las que España y Francia se habían embarcado, pero los elementos modernizadores  se notaban sobre todo en el nombramiento de los nuevos funcionarios, aunque  muchos de ellos franceses eran expertos en finanzas y temas militares.

Otro de los temas que modernizarían el imperio seria la creación de un ejército permanente con un control central, como podemos apreciar en el trabajo de la autora antes citada el joven Felipe V estuvo rodeado de expertos, que aunque no tenían el cargo de ministros, sus funciones y las decisiones que tomaban el grado de autonomía con el que obraban estos funcionarios, se puede observar también en este trabajo que el gobierno de Felipe V administraba las provincias al interior de la península ibérica de una forma similar como con los dominios en América.

Otro aspecto que no se tuvo en cuenta por la historiografía tradicional, fue la entrega de privilegios como elemento de integración de la corona, cada parte de esta sociedad estamental tenía funciones establecidas por Dios y sus cuerpos eran desiguales, por tanto sus privilegios dependían del lugar o estamento al que pertenecían, los “libres de todos los colores” no pagaban tributo por eso fue usual que estos sectores buscaran ser incorporados y convertirse en tributarias del Rey y de esa manera accediera privilegios.

 Por ejemplo, fue usual que los sitios de libres solicitaran al Rey ser ascendidos a la calidad de villa, con el propósito d gozar de otro tipo de privilegios, esto demuestra que el ascenso social era una posibilidad durante el periodo de la monarquía hispánica, otro factor de ruptura con la historiografía tradicional que definió el “periodo colonial” como una “sociedad de catas”. No vamos a detenernos en este tema, pero sabemos que la típica sociedad de castas es la India, donde el ascenso social era totalmente imposible. En cambio, la monarquía hispánica promovió durante el siglo XVIII la adjudicación de privilegios a sectores más populares y de linaje impuro, aunque también hay que aclarar que los casos en los que se logró en la época ascender socialmente fueron rarísimas excepciones. 

Un sitio no era una villa, tampoco una ciudad, ni pueblo de indios en otros lugares del virreinato eran llamados “asientos” y por no encontrarse en ninguna de las repúblicas aceptadas por el estado estos no gozaban de privilegios, esto explica que emprendieran empresas por el reconocimiento o asenso en villa. A mediados del siglo XVIII estos sitios o asientos eran mayoría a lo largo y ancho del Nuevo Reino de Granada por esa razón se entiende que exigieran ampliar su base de derechos. Estos sitios fueron definidos por Jorge Conde como: “un espacio político…integrado…en estructuras de poder más amplias”

Entre las solicitudes que habían de presentarse estaban las de autogobierno, jurisdicción y otras cuestiones inherentes a la calidad de villa como tierras comunales, incluso sabían que como vecinos podrían exigir justicia cuando consideraban estar siendo mal administrados. Para reclamar sus privilegios como resaltaban su papel como proveedores de comida a importantes ciudades, milicianos, su disposición hacia el catolicismo, su obediencia al Estado, etc. El ideal español ilustrado los beneficiaba porque consideraba que los productores no debían pagar arriendo sobre la tierra con el propósito de estimular la producción.

En todos estos hechos se puede encontrar observar una intención del estado por dotar de privilegios los habitantes de algunos de los sitios y asientos que reclamaban privilegios, quienes aparte de tierras comunales solicitaban en algunos casos iglesias para la administración de sacramentos con la categoría de iglesia principal, estos eran privilegios propios de las villas.

Llama poderosamente la atención la utilización de un lenguaje moderno, por parte de los apoderados de los habitantes de los asientos y sitios que reclamaban privilegios, la utilización de conceptos como “causa pública”, “derechos”, etc. También llama la atención el protagonismo que ejercen algunos habitantes de los sitios y asientos que reclaman privilegios el proceso de su propia organización política aceptando en la mayoría de los casos los principios de la ilustración.

Otro elemento que queremos destacar en este trabajo es el trato que le dan a la figura del virrey, pues este fue objeto de fuertes críticas por parte de la historiografía del siglo XX, al punto de ser relacionado hoy día con ejemplo de gobierno corrupto y autoritario, esto se debe según el profesor Alejandro Cañeque a que la mayoría de los historiadores del periodo colonial abandonaron el análisis de las instituciones en ese periodo, sin embargo se pueden ver resultados distintos a lo que la historiografía tradicional nos dejó ver, para ello será necesario “entender el sistema político colonial…desde sus propios principios y no los nuestros”  para ello será necesario partir de entender el estado tal y como lo hacen los hombres de la época y no como lo entendemos hoy.

De igual manera tendremos que apartarnos de la idea de unos monarcas españoles intentando consolidar el poder   en sus manos ni interpretarse como estructuras centralizadas y autosuficientes, estas son según el autor categorías de análisis que no deben ser utilizadas, pues el poder centralizado corresponde a un concepto más moderno de estado. Para la época de la monarquía en los siglos XVII y XVIII –según Cañeque- “el poder se halla disperso en una constelación de polos” relativamente autónomos, dado que cada estructura de poder contaba con unas atribuciones y unas jurisdicciones propias, cada corporación servía de freno a las posibles intenciones absolutistas del virrey, sin embargo, el rey se entiende ligado al estado y el virrey era el “alter ego” del monarca.

El profesor Cañeque nos señala otro elemento importante a tener en cuenta al momento de releer este periodo de nuestra historia, pues tradicionalmente se entendió a la monarquía ligada con la iglesia, se vio a la iglesia como un brazo del Estado; el autor plantea la necesidad de empezar a desligar el poder eclesial de la autoridad monárquica, por lo menos para el caso concreto de Nueva España las relaciones entre estos dos poderes son catalogadas por Cañeque como “tormentosas”. No se puede ni se debe pensar en un virrey jefe de la iglesia por lo tanto debe hablarse de un poder virreinal de potestad civil y otro de potestad espiritual, representado uno en el rey otro en el papa. Aunque también se presentó el caso de un arzobispo y virrey en la Nueva: Granada Antonio Caballero y Góngora

Estas posturas revisionistas de nuestra historiografía son reforzadas por otro grupo de historiadores por ejemplo Jorge Conde muestra como “los vecinos mostraron apropiación de formas de cultura proyectadas hacia lo público”  dado que la condición de vecinos los hacia pertenecientes a una corporación urbana con la cual se identificaban y les permitía acceder a derechos y privilegios, en una sociedad corporativa ellos no significaba necesariamente una garantía de desigualdad, tal y como esa se entiende hoy, más bien significaba la certeza de merecer un trato diferencial, en el que se le atribuye a cada quien según el grupo o corporación al que pertenece.

Pero la historiografía que ellos llaman tradicional no solo nos ha dejado algunos vacíos en relación a la situación socio-política del periodo monárquico, sino que también al final de este periodo se aceptaron como ciertas un grupo de aseveraciones que hoy la nueva historiografía dedicada al estudio pretende desmontar. Algunas de ellas mostraban a los movimientos de protesta de finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX como antecedentes de la búsqueda de una independencia o la creación de un estado republicano, estudios recientes han demostrado que las revoluciones eran de naturaleza imperial es decir que esos movimientos se estaban dando en todos los lugares del imperio. Es más Jorge Conde afirma que “las revoluciones no empezaron como episodios secesionistas” de tal manera que lo que aquí se está planteando es una transición más o menos violenta de un gobierno monárquico de corte imperial a la conformación de los modernos estados nación. Reflexiones que aunque muy ciertas no son nada nuevas.

El profesor Adelman nos invita a observar las historias de los imperios sin estar sujetos a “lógicas internas básicas” y explica el fin de estos imperios dado que “eran monarquías aristocráticas cuyas legitimidades habían disminuido porque sus fundamentos morales cedieron terreno a los cambios intelectuales y sociales” de igual manera nos invita a observar los conflictos de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX como un enfrentamiento global entre liberales y aristócratas.  Nos invita igualmente a dejar de ver a los colonos en América como constructores de naciones y a separarnos de lo que él considera un análisis anacrónico del periodo monárquico al pensar en la autodeterminación nacional como origen de la moderna soberanía.

Los esfuerzos por restablecer la soberanía de los imperios son según Adelman una muestra de esta nueva lectura, estos esfuerzos no eran únicamente por parte del gobernante sino también por parte de los vasallos quienes buscaban otras formas distintas de administración imperial que los insertara en el poder, en resumidas cuentas los dominios hispánicos en América eran tratados por el gobierno imperial más que como colonias, como partes esenciales del imperio, muestra de ello es lo expresado por George Lomné cuando afirma que en 1809 la junta suprema central que gobernaba el imperio en nombre del rey cautivo le solicita a los españoles americanos enviar diputados elegidos por ellos, “ya estas no son colonias sino parte del reino”. Sin embargo, ni antes ni después de la liberación del rey de su cautiverio fueron aceptadas autoridades en América nacidas en el mismo continente, recuérdese que los altos cargos del gobierno, la iglesia y el ejercito estaban reservados a los españoles nacidos en la península ibérica.

Ahora bien, en cuanto a la relación que el gobierno imperial mantenía con sus dominios en América la historiografía del siglo XX también mostró como la administración de las indias se hacía de forma impositiva, coercitiva y corrupta.  La profesora Celaya nos demuestra como en América hispánica se podía notar cierto grado de autonomía fiscal en las municipalidades del siglo XVIII, en el caso de Nueva España evidencia la fortaleza de los grupos locales en el manejo de las rentas, esto les permitía invertir en obras públicas, pago de milicias, etc. Esto evidencia -según ella- una vez más que no hay ninguna tendencia totalmente dominante por parte de la monarquía al menos en cuanto al control fiscal se refiere, al contrario esto debela como las autoridades locales se pudieron ver beneficiadas de las reformas impulsadas por los borbones.

El artículo del profesor George Lomné intenta demostrar la manera como se disolvió los que en su trabajo de denominó “las cuerdas de imaginación” que ataban a los habitantes de la Nueva Granada con su rey y entre ellos. Nos muestra como la corona llegó a concederle a los españoles-americanos el reconocimiento de nuevos reinos, de igual manera muestra como antes de él otros autores han debelado más elementos que evidencian como los poderes locales en manos de las elites patricias ejercían control total sobre los territorios donde ostentaban influencia, en muchos casos con el apoyo de sectores del pueblo. Sin embargo, ese sentido de pertenencia que la historiografía tradicional adjudicó a toda la población americana, el profesor Lomné solo la encuentra en un sector de la elite ilustrada, pues para la mayoría de las personas su objeto de identificación o pertenencia se circunscribía a la ciudad o a la villa. Otro elemento que no es nada nuevo.

Somos del criterio de que la historia se construye día a día, por tanto, los historiadores debemos estar en constante discusión con las fuentes y permitirnos una y otra reinterpretación, sin embargo, no nos alinearemos con los subterfugios del actual revisionismo historiográfico que con aparentes reinterpretaciones de las fuentes pretenden regresarnos al discurso histórico del siglo XIX.

Mucho de lo expresado en estos trabajos no son nuevas afirmaciones, no creo que estos autores desconozcan la historiografía relacionada con estos temas, por lo que este aparente desconocimiento puede ser mas bien intencional.

Pero no todo es malo, una nueva interpretación sobre la sociedad en el periodo monárquico de América nos puede ayudar a entender mejor este periodo alejándonos del discurso heroico y de culto a los “héroes” que en ultima instancia no es mas que el culto a la clase dominante actual a través de sus antepasados.

martes, 7 de julio de 2020

CINCO ESTUDIOS HISTÓRICOS SOBRE EL PAPEL DE LA EDUCACIÓN COMO ELEMENTO DE INSERCIÓN AL ESTADO SOCIAL LIBERAL EN EL SIGLO XIX




Escuela de niñas en Mallorca mediados del siglo XVIII | Niños ...

Este trabajo tiene como propósito realizar una síntesis de las perspectivas de análisis de cinco historiadoras suramericanas que presentan una propuesta novedosa y muy interesante acerca del papel que jugó la educación pública en la inserción de amplias comunidades en los proyectos de estados nacionales de corte liberal.  
La segunda mitad del siglo XIX significó para la mayoría de los países de América latina una época de reformas políticas sociales y económicas, que han permitido la aparición de distintos puntos de vista al momento de presentar análisis sobre este periodo.
La historiografía colombiana y latinoamericana en general al parecer a privilegiado al momento de su análisis y estudio los escenarios caracterizados por el conflicto y la confrontación y han mostrado en la mayoría de los casos la violencia o la guerra como la única forma de resolución de estas situaciones, dejando de la lado -parcial o totalmente- en la mayoría de los casos escenarios alternativos que como se ha podido demostrar recientemente permitieron en algunos casos las conciliaciones, los acuerdos, las asociaciones, los consensos entre grupos o sectores aparentemente contrarios, pero interesados en estabilizar el orden social moderno en el marco de la construcción estatal y el establecimiento de un orden social liberal.
En este artículo se resaltaran algunos de los esfuerzos realizados por cinco historiadoras que buscan mostrar como si bien es cierto se presentaron conflictos que pudieron desembocar en momentos de máxima tensión hasta llegar a la confrontación, también hubo largos períodos en los que primó el consenso y la negociación dejando como consecuencias acuerdos sobre situaciones en las que se debía trabajar en común.
La profesora María Egaña representa en parte el primer escenario aquí planteado, pues para ella los conflictos que presentaba la escuela chilena del siglo XIX “no se resolvió”[1] debido a que según la autora aún en el presente se hallan “problemas no resueltos”; sin embargo muestra también como importantes sectores de la élite de su país manifestaron gran interés en la educación del pueblo, pues para ellos la educación era una forma de modernizar el estado, debido a que la naciente industria chilena requería obreros con “ cierto nivel de instrucción”, pero también personas disciplinadas y esta tarea solo podía cumplirla la escuela. Al respecto no se muestra ningún tipo de oposición.
La autora presenta a mi modo de ver elementos propios de los dos aspectos que aquí se han señalado, por un lado es partidaria de la existencia de un estado fuerte y coercitivo[2], pero al mismo tiempo muestra al estado como el principal interesado en la búsqueda de consensos [3] e integración[4].
La prensa fue el escenario de debate en Chile al igual que en el resto de América Latina, pues desde ahí se emitían posiciones en favor y en contra de la educación impartida por el estado, por un lado los periódicos católicos y conservadores eran partidarios de una educación en valores y moralizante[5], y por otro lado los periódicos liberales se mostraban partidarios de una educación donde se priorizara por cívico y lo ciudadano.
Nótese que la discusión no gira en torno de la necesidad o no de una educación para el pueblo, todo están de acuerdo con llevar escuelas a los pobres, la discusión está en que tipo de educación los pobres necesitan. Incluso los sectores más distantes estuvieron de acuerdo con hacer de la educación una práctica obligatoria, socializando entre padres de familia las ventajas de un niño con educación elemental.
La profesora Lucía Lionetti muestra para el caso argentino cómo la educación pública se convirtió en escenarios de conflictos pero también de acuerdos, entre miembros de la iglesia y liberales, quienes al igual que en Chile proponían distintas formas de llevar educación al pueblo.
La política se caracterizó para la época por la unión entre sectores liberales y conservadores en una especie de partido único que emprendió la tarea de modernizar el país[6]. Entre otras cosas se sancionaron leyes que hacían que la educación fuera “común, gratuita y obligatoria”, pero esa misma educación debía para alcanzar la civilización imponer la “moralidad”[7] nótese un desacuerdo en sectores aparentemente antagónicos, los diputados liberales llegaron a señalar que no se podía financiar la enseñanza de una religión con los impuestos de hombres de varias religiones, lo que desencadenó el punto más alto de quiebre entre estos dos sectores[8] y por su parte la iglesia y los conservadores consideraban que la única forma de moralizar al pueblo era a través de la enseñanza de la religión[9].
Para ellos la enseñanza de la religión no iba en contravía de la democracia ni de la modernidad y colocaban como ejemplo lo sucedido en los Estados Unidos, donde la confluencia de varias denominaciones protestantes no había impedido la enseñanza de la religión en las escuelas y aun así eran considerados ya para el siglo XIX una sociedad moderna.
En este caso los diputados católicos no se manifestaban en desacuerdo al proyecto liberal, solo plateaban la necesidad de la enseñanza religiosa para no “anteponer la formación del hombre a la del ciudadano”[10], por su parte los diputados liberales tampoco cuestionaban la enseñanza religiosa sino que eran partidarios que estas se impartieran de forma diferencial y fuera de los horarios de clases[11] a quienes los padres así lo autorizaran.
En el sur de nuestro país se presentan tensiones similares a las estudiadas en Chile y Argentina, el trabajo de Fernanda Muñoz describe las reacciones por parte de un grupo de padres de familia a la aplicación de la reforma educativa llevada a cabo en 1870 por parte de gobierno liberal radical, estos salieron en defensa de sus creencias las cuales consideraban en primera instancia como amenazadas, debido a que el gobierno buscaba darle a la enseñanza un carácter laico[12], luego de muchas discusiones los padres de familia de Pasto terminaron por escoger ellos mismos al preceptor de sus hijos[13] y la enseñanza de la religión se permitió pero impartida por parte de propio párroco.
De igual manera al norte del país en el estado soberano del magdalena se presentaron durante el siglo XIX consensos entre el gobierno liberal radical y la iglesia católica tendientes a “civilizar y educar” a indígenas de tres regiones del estado, La Sierra Nevada de Santa Marta, La Península de la Guajira y La Serranía del Perijá.
Tanto católicos como liberales mostraban un mismo interés y era incorporar a la nación a lo que ellos denominaban “colombianos no civilizados”[14]. Para ello se llevaron a cabo algunas alianzas necesarias para alcanzar el objetivo que se habían trazado dado que los recursos del estado o la iglesia no hubieran sido suficientes para realizarlo por separado[15]. Fueron importante las figuras del obispo José Romero y Rafael Celedón[16] . Tanto la iglesia la iglesia como el gobierno radical entendieron a la educación primaria como “el medio más efectivo para alcanzar la reducción de los indígenas a la vida civilizada”[17].
 En este caso la profesora Adriana Santos muestra el escenario de consenso como el único existente dado el acuerdo realizado entre estos dos sectores en apariencia antagónicos.
El trabajo de las profesoras Mirta Teobaldo y María Nocoletti no se circunscribe en el ámbito de los trabajos que antes hemos analizado,  sin embargo llama la atención el lugar que ocupan los indígenas en la construcción del estado argentino, para las autoras el indígena es sólo tenido en cuenta como un objeto “arqueológizado” como un salvaje sin historia. Esta forma de entender al indígena corresponde a la ciencia de la época caracterizada por los determinismos[18].
Entrado el siglo XX se sigue pensando en la Argentina como un territorio sin indios, pues estos constituyen una especie de traba para alcanzar el progreso[19]de tal manera que su exterminio estaría justificado[20]. Estas situaciones fueron presentadas en los textos de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, el indio era significado de atraso y el blanco de progreso y modernidad.
Los textos salesianos de mediados del siglo XX significan para los indígenas de la Patagonia una mirada distinta a la que se tenía sobre ellos, pues comienza a hablarse de la unidad del género humano y a culparse al demonio de sus “hábitos salvajes”[21]. En los escritos salesianos se presenta un cese de la violencia y se describe al misionero como llevando a cabo actos de piedad como bautizos y reducciones.
Esos mismos textos estuvieron dedicados a exaltar la figura del niño indígena Ceferino Namuncurá[22] que se convierte en patrón a seguir en testimonio de vida para los miembros de las comunidades patagónicas que aún se resistían a entrar en las formas de comportamiento propuestas por la mayoría blanca en una Argentina que buscaba verse cada vez más blanca.
Este tipo de trabajos muestran el derrotero de la historiografía actual para el estudio del papel de la educación en la construcción estatal y el orden social liberal, señalan también los acuerdos y consensos que se dieron en toda Suramérica entre sectores aparentemente contrarios.



[1] María Egaña Baraona, La Educación Primaria Popular en el siglo XIX en Chile: Una práctica de política estatal (Santiago: LOM Ediciones, 2000), 13
[2] María Egaña Baraona, La Educación Primaria Popular…,22
[3] María Egaña Baraona, La Educación Primaria Popular…,27
[4] María Egaña Baraona, La Educación Primaria Popular…,32
[5] María Egaña Baraona, La Educación Primaria Popular…,33
[6] Lucía Lionetti, “La Educación Pública: escenario de conflictos y acuerdos entre católicos y liberales en la Argentina de fines de siglo XIX y comienzos de siglo XX” en Anuario de estudios americanos  (España, 2006), 79
[7] Lucía Lionetti, “La Educación Pública: escenario de conflictos…, 80
[8] Lucía Lionetti, “La Educación Pública: escenario de conflictos…, 84
[9] Lucía Lionetti, “La Educación Pública: escenario de conflictos…, 86
[10] Lucía Lionetti, “La Educación Pública: escenario de conflictos…, 88
[11] Lucía Lionetti, “La Educación Pública: escenario de conflictos…, 89
[12] Fernanda Muñoz, “Perspectiva microhistórica de una experiencia social: los padres de familia de San Rafael( Pasto) y la escuela liberal caucana” en historia crítica ( Bogotá, 2012), 193 
[13] Fernanda Muñoz, “Perspectiva microhistórica de una experiencia social…, 197 
[14] Adriana Santos, “Civilización e instrucción pública en los territorios nacionales: consensos entre liberales radicales e iglesia católica del magdalena” en Historia Caribe n° 21 ( Barranquilla, 2012),32
[15] Adriana Santos, “Civilización e instrucción pública en los territorios nacionales…,38

[16] Adriana Santos, “Civilización e instrucción pública en los territorios nacionales…,42
[17] Adriana Santos, “Civilización e instrucción pública en los territorios nacionales…,44
[18] Mirta Teobaldo y María Andrea Nocoletti, “ Entre centauros y santos: los indígenas de la Patagonia en los textos escolares oficiales y las biografías de Ceferino Namuncurá” en Historia Caribe n°15 (Barranquilla, 2009), 49
[19] Mirta Teobaldo y María Andrea Nocoletti, “ Entre centauros y santos…, 52
[20] Mirta Teobaldo y María Andrea Nocoletti, “ Entre centauros y santos…, 53
[21] Mirta Teobaldo y María Andrea Nocoletti, “ Entre centauros y santos…, 58
[22] Mirta Teobaldo y María Andrea Nocoletti, “ Entre centauros y santos…, 60,61